Cultura

Nº 732 - 22 de septiembre a 5 de octubre de 2002

El año de Gaudí

Un cristiano excepcional

Miguel Ángel Delgado López

La iglesia de la Sagrada Familia de Barcelona es la obra más conocida de Gaudí.Este año 2002 es el año de Gaudí. Así ha sido proclamado y preparado por las instituciones catalanas.

En los aspectos culturales y políticos está resultando un éxito de gran altura. Está pasando más desapercibida la vida cristiana de Antonio Gaudí, significada en su proceso de beatificación.

Si es importante la obra de Gaudí -ahí está la iglesia de la Sagrada Familia de Barcelona, las obras de León, Astorga, Mallorca, Cantabria...-, más importante es su vida. O ambas cosas son importantes por la interrelación entre ambas.

Antonio Gaudí fue un cristiano excepcional, con una espiritualidad laical marcada por la oración, la Eucaristía, el trabajo y la pobreza. Con plena identidad cristiana supo vivir en la pluralidad de ideas culturales y sociales, sin abdicar de su condición de cristiano. Antonio Gaudí es un catalán, pero tanto su pensamiento como su obra son universales. Tan universal como es la santidad y el amor cristiano, aunque identificado  con una cultura y en un pueblo, Cataluña. La Eucaristía diaria, la pobreza y el trabajo son tan referentes en su vida que esa es su tarea como cristiano y como arquitecto.

En esta coyuntura del año 2002 dedicado a Gaudí, como cristianos, no podemos olvidar lo que motivó toda su vida: la fe en Jesucristo. Antonio Gaudí es modelo y ejemplo de ese diálogo fe-cultura que se hace realidad cuando se vive la fe. De "místico laico" fue calificado por el arzobispo de Barcelona, cardenal Carles, cuando lo situó en línea con dos poetas, san Juan de la Cruz, del siglo XVI, y Joan Maragall.

Antonio Gaudí vivió entre 1852 y 1926. La obra de Gaudí es maravillosa y reconocida mundialmente, pero más bella y grandiosa es su santidad. Esta realidad de vida debe ser memoria, actualización y mensaje para el cristiano de hoy: conocer su obra, conociendo su vida. Un ejemplo para la Iglesia de España y para la Iglesia universal.

El reconocimiento de la santidad de vida de un laico es una llamada, una ayuda y una intercesión para todos los bautizados. Es un ejemplo y un intercesor. Juan Pablo II está alentando el laicado y un referente son los procesos de beatificación iniciados que afectan a hombres y mujeres santos, muy próximos a nosotros, bien por el tiempo o por las vivencias experimentadas.

 

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