| Buena Noticia | ||
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Domingo 31º de tiempo ordinario Malaquías 1, 14b - 2, 2b. 8-10 1ª Tesalonicenses 2, 7b-9. 13 Mateo 23, 1-12
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En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos diciendo: - «En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros; pero no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame "maestro". Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno sólo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno sólo es vuestro padre, el del cielo. No os dejéis llamar jefes, porque uno sólo es vuestro Señor, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
Este pasaje es la introducción a un extenso discurso de condena, que Jesús pronuncia contra los líderes religiosos de Israel como consecuencia de un largo enfrentamiento con ellos. En el desarrollo del evangelio de Mateo, este largo discurso es la respuesta de Jesús al insistente rechazo de su pueblo. La primera exhortación va dirigida a la gente y sus discípulos, y a través de ellos a su comunidad del evangelista. La segunda parte subraya las diferencias entre la actuación de los fariseos y la que debe caracterizar a la comunidad cristiana. |
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Domingo 32º de tiempo ordinario Sabiduría 6, 12-16 1ª Tesalonicenses 4, 13-18 Mateo 25, 1-13
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En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: - «El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: - "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!" Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: - "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas". Pero las sensatas contestaron: - "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis". Mientras iban a comprarlo llegó el esposo y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: - "Señor, señor, ábrenos". Pero él respondió: - "Os lo aseguro: no os conozco". Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»
La escena descrita pertenece a la vida real: una boda, uno de cuyos ritos principales era el traslado de la novia a la casa del novio. El reino de Dios se compara aquí con una de las celebraciones más alegres y festivas. No poder participar en ella significaba perderse algo muy importante. |
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