Nº 735 - 3 a 16 de noviembre de 2002

   

Rosario, paz y familia

«Proclamo el año que va de este octubre a octubre de 2003 Año del Rosario» y propongo «a la comunidad cristiana cinco momentos significativos -misterios "luminosos"- de la fase de la vida pública de Cristo» para que sean incorporados a los clásicos de gozo, dolor y gloria en el rezo del Rosario. Éstas son, sin duda, las dos afirmaciones más novedosas de la Carta Apostólica que el Papa Juan Pablo acaba de escribir a los obispos, clero y fieles sobre el Santo Rosario. Sin embargo, lo más relevante y trascendente es la dimensión cristológica que el Papa concede al Rosario, ampliando la herencia de Pablo VI.

Es significativa, en efecto, esta afirmación del Papa: «Recitar el Rosario es en realidad contemplar con María el rostro de Cristo» y contemplar el «rostro de Cristo en compañía y a ejemplo de su Santísima Madre» (nº 3). Y por si fuera poco explica que la dimensión cristológica es «el motivo más importante» que le lleva a proponer de nuevo el rezo del Rosario. La parte pues central de esta Carta Apostólica es el capítulo primero, en el que, bajo el título general «Contemplar a Cristo con María», desglosa y comenta los siguientes epígrafes: recordar a Cristo con María; comprender a Cristo desde María; configurarse a Cristo con María; rogar a Cristo con María; anunciar a Cristo con María.

Para el Papa, el rezo del Santo Rosario es mucho más que una repetición rutinaria y sin alma de una serie de avemarías y misterios. «El Rosario -precisa- es una oración marcadamente contemplativa. Sin esta dimensión, se desnaturaliza». Y, recuerda con palabras de Pablo VI: «Sin contemplación, el Rosario es un cuerpo sin alma y su rezo corre el peligro de convertirse en mecánica repetición de fórmulas... Por su naturaleza el rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso que favorezca en quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor».

La contemplación que hacemos en el Rosario no es sobre la Virgen; sino que con Ella y como Ella contemplamos a Cristo. Él es el Maestro por excelencia, el revelador y la revelación. Por eso, no basta con limitarse a conocer y comprender las cosas que Él nos ha enseñado, sino que hemos de «comprenderle a Él». Para ello, nada mejor que «recorrer las escenas del Rosario..., ir a la "escuela" de María para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender su mensaje» (nº 14).

¿No será todo esto excesivamente teórico y despegado de la vida y de las necesidades de los individuos, familias y naciones? Muy al contrario, el Papa es consciente de que son tan graves «las dificultades que presenta el panorama actual en este comienzo de Milenio, que sólo una intervención de lo Alto -capaz de orientar los corazones... de quienes dirigen los destinos de las naciones- puede hacer esperar en un futuro menos oscuro». Rezar el Rosario es rezar una «oración orientada hacia la paz, porque contempla a Cristo, Príncipe de la paz» y por eso, «mientras nos hace contemplar a Cristo, el Rosario nos hace también constructores de la paz en el mundo».

El Papa termina con esta propuesta: «una oración tan fácil y, al mismo tiempo, tan rica, merece de veras ser recuperada por la comunidad cristiana». Sobre todo, por la familia. Es verdad que «rezar el Rosario por los hijos y, mejor aún, con los hijos, educándolos desde su más tierna edad para ese momento cotidiano de "intervalo de oración" de la familia, no resuelve todos los problemas». Pero es una gran ayuda espiritual. «Si el Rosario se presenta bien, los mismos jóvenes serán capaces de sorprender una vez más a los adultos, haciendo suya esta oración y recitándola con el entusiasmo típico de su edad» (nº 42).

Concluyo con las mismas palabras que usa el Papa: «tomad en vuestras manos el Rosario, descubriéndolo de nuevo a la luz de la Escritura, en armonía con la liturgia y en el contexto de la vida cristiana».

 

Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos
Francisco Gil Hellín,

Arzobispo de Burgos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"La contemplación que hacemos en el Rosario no es sobre la Virgen; sino que con Ella y como Ella contemplamos a Cristo. Él es el Maestro por excelencia, el revelador y la revelación"

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