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Mons. Francisco Gil Hellín |
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Murciano de nacimiento, Francisco Gil Hellín ha sido secretario del Pontificio Consejo de la Familia. Desde el 23 de mayo de 2002 es arzobispo de Burgos. |
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"Estamos urgidos a dar a conocer a Jesucristo con gozo, claridad y constancia" |
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Julián Gumiel Velasco |
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¿Cómo ha percibido la diócesis en estos primeros meses al frente de la misma? ¿Qué destacaría en estas primeras impresiones? ¿Qué le ha llamado más la atención? Mis primeras impresiones son las de que Burgos es una diócesis grande. Grande en extensión, grande en sus gentes, grande en el número y calidad de sus sacerdotes, grande en la cuantía y ubicación de sus misioneros, grande en virtudes humanas, grande en su patrimonio artístico-cultural, grande en la dispersión y despoblación del mundo rural, grande en los retos que tiene planteados como Iglesia local. Una de las cosas que he percibido desde el primer momento es la capacidad de acogida, y las profundas raíces cristianas que poseen sus gentes. Desde otra perspectiva, también me han impresionado los retos que nos plantean las generaciones más jóvenes. Celebramos el "Día de la Iglesia Diocesana". ¿Tienen los cristianos suficiente conciencia de su pertenencia a la Iglesia local? Una de las cosas que se perciben de inmediato al llegar a Burgos es que la gente se siente "muy burgalesa", si se me permite la expresión. Quiere a su tierra, su catedral, sus iglesias y monumentos, sus tradiciones, sus romerías, sus manifestaciones populares. Basta leer la prensa local para darse cuenta del gran número de noticias relacionadas con todo esto. Por otra parte, cuando he visitado las diversas parroquias, he percibido que existe una gran cercanía y sintonía entre los fieles y sus pastores, y viceversa. Todo esto lleva consigo la conciencia de que se es miembro de la Iglesia local que vive en Burgos. Aunque todavía no tengo perspectiva suficiente -por el poco tiempo que llevo viviendo aquí-, no me parece precipitado afirmar que todavía es largo el camino que debemos recorrer. No olvide que la conciencia de "ser Iglesia" sigue siendo una verdadera novedad para muchos cristianos, puesto que no es infrecuente que identifiquen la Iglesia con la Iglesia jerárquica. Por otra parte, no es fácil articular las dos dimensiones de la única Iglesia: la universal y la local. Las vocaciones están siendo su "obsesión". ¿Qué tenemos que hacer para que en nuestra diócesis surjan vocaciones? Me alegro de que haya percibido que mi "obsesión", mi santa "obsesión", son las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Esta "obsesión" se debe a no pocos factores. En primer lugar, a la necesidad de asegurar la celebración eucarística y el sacramento de la reconciliación a todas las comunidades cristianas; así como atender -¡ojalá pudiera llegarse a una atención uno a uno!- a todos los enfermos, matrimonios que se encuentran en una situación difícil, y a los niños y jóvenes. El pastor tiene que llegar a las ovejas concretas, a los hombres y mujeres de carne y hueso, con nombre y apellidos. Esto lleva consigo que haya clero abundante. No para que haga lo que corresponde a los seglares, sino para que forme a éstos para hacer lo que les corresponde. Que es mucho. Por otra parte, Burgos es una diócesis misionera. De nosotros dependen otras Iglesias locales, especialmente de América. La carencia o abundancia de vocaciones aquí repercute necesariamente en otras latitudes. No podemos dejar de oír estas voces. Porque todos somos Iglesia, la misma y única Iglesia, la Iglesia de Jesucristo. ¿Qué podemos hacer para suscitar las vocaciones? Lo primero tomar cada vez más conciencia de que las vocaciones son un don de Dios, no una conquista nuestra. Ese don hay que pedirlo, como Jesucristo nos instó. Si queremos tener más vocaciones, todos hemos de rezar más y mejor. Esta oración ha de ser con los labios y con el cuerpo. Es decir, que hemos de mortificarnos, ofrecer sacrificios, horas de esfuerzo y de trabajo, enfermedades y contratiempos por el crecimiento de vocaciones. Cuando hablo de oración y sacrificio no me refiero sólo a los sacerdotes, sino a todo el pueblo cristiano, puesto que el responsable de las vocaciones es la comunidad cristiana entera: el obispo, los sacerdotes, los religiosos y los simples fieles. Por eso, hemos de hacer de nuestras parroquias comunidades orantes por las vocaciones. Pero no basta con rezar y mortificarse. Es necesario que todos trabajemos más en la promoción de las vocaciones, impulsando la pastoral juvenil a todos los niveles, el trato con los universitarios, la promoción de la vida en la familia y la intensificación de la vida cristiana. Me hace mucha ilusión pensar en un presbiterio diocesano embarcado en esta maravillosa tarea. Soy plenamente consciente de que el crecimiento cuantitativo y cualitativo de vocaciones sólo puede llegar de la mano del presbiterio. No quiero ni siquiera insinuar que el presbiterio no estuviera trabajando ya en esta dirección. Lo que deseo es que ese trabajo se intensifique y expanda.
Una de las notas de nuestra diócesis es la gran cantidad de misioneros. ¿Le ha sorprendido? No me ha sorprendido del todo, porque es algo que conoce todo el mundo. La diócesis de Burgos va asociada a las misiones desde hace mucho tiempo. Más que sorprenderme, me ha impactado al ver mi responsabilidad en proseguir e impulsar estos derroteros. A esto me refería en la pregunta anterior.
Los seglares, ¿tienen que implicarse más en las tareas de la Iglesia? La Iglesia -como ha puesto de relieve el Vaticano II- es el Pueblo de Dios jerárquicamente organizado. Los seglares son, pues, Iglesia. Si tenemos en cuenta que ellos son la inmensísima mayoría de miembros de la Iglesia, comprenderá el grandísimo papel que les corresponde en la misión de la Iglesia. La parte que les corresponde a los seglares en la misión de la Iglesia es tan grande, que la Iglesia tendrá otro rostro el día en que ellos la asuman con toda responsabilidad y hondura. Sin embargo, me gustaría añadir que la misión de los seglares en la Iglesia no se mide única o principalmente por su participación en tareas eclesiásticas, sino por su compromiso con la vida familiar, el trabajo, la política, la cultura, las diversiones, etc. Es claro que también pueden y deben realizar tareas intraeclesiales. Pero el gran lugar donde el seglar cristiano ha de realizar su misión son las tareas seculares, dado que son las que les son específicas. ¡Es todo un mundo el que tenemos por delante!
Usted llega a Burgos procedente del Pontificio Consejo para la Familia. ¿Pasa por la familia la solución a las "crisis" de la Iglesia? Si la familia es la "Iglesia doméstica", en frase -que es mucho más que una frase- del Vaticano II, no es fácil entender que entre familia e Iglesia no hay una simbiosis tan perfecta, que todo lo positivo y negativo de la una repercute necesariamente en la otra. Si tenemos muchas familias que sean verdaderamente cristianas, tendremos una Iglesia más rica, más pujante, más misionera, con más vocaciones.
¿Se la la Iglesia de forma adecuada y suficiente en los medios de comunicación? Si se refiere a si los medios de comunicación reflejan con la debida amplitud, constancia y rigor las noticias que produce la Iglesia -no sólo las que produce el Papa, los obispos, los sacerdotes- me parece que la respuesta ha de ser que la Iglesia genera muchas más noticias y de signo muy distinto al que se les da en una gran parte de los medios de comunicación. Me parece que éstos tienen más tendencia a dar más cobertura a los sucesos puntuales de tipo negativo. Creo que aquí tenemos un reto importante. Mi opinión es que no hay mala voluntad por parte de los medios; quizás nosotros debamos aprender a comunicar mejor.
¿Cuáles son los retos de la Iglesia a corto y medio plazo? El de la evangelización, en la línea señalada por Juan Pablo II desde hace varios a–os y, m‡s recientemente, en la Novo Millennio Ineunte. Todos los que tenemos alguna responsabilidad en la Iglesia estamos urgidos a dar a conocer a Jesucristo con gozo, claridad y constancia. Jesucristo es la gran noticia que el mundo necesita conocer. Esa evangelización es más urgente para las generaciones más jóvenes, las cuales han crecido en un ambiente más secularizado y menos religioso. ¡Un motivo más para buscar vocaciones, es decir, nuevos evangelizadores!
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"He percibido desde el primer momento la capacidad de acogida y las profundas raíces cristianas de las gentes de Burgos" |
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"Si queremos tener más vocaciones, todos hemos de rezar más y mejor" |
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"Cuando he visitado las diversas parroquias, he percibido que existe una gran cercanía y sintonía entre los fieles y sus pastores" |
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"Si tenemos muchas familias que sean verdaderamente cristianas, tendremos una Iglesia más viva, más pujante, más misionera, con más vocaciones" |
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