Nº 736 - 17 a 30 de noviembre de 2002

Punto de Vista

Ante el Día de la Iglesia Diocesana

Raúl Berzosa Martínez

Raúl Berzosa MartínezMe lo contaron como cierto no hace mucho. En una diócesis española el nuevo obispo mantuvo un encuentro con el Consejo Pastoral (en el que, como es conocido, se encuentran representantes de los presbíteros, de los religiosos y de los laicos). Todos aquellos fieles escucharon con aparente atención las palabras de un obispo entusiasmante y entusiasmado. El jarro de agua fría llegó al final: en nombre de todos los asistentes, un laico con gravedad se dirige al prelado: "Todo lo que usted nos ha dicho es muy interesante pero nos ha cogido viejos y cansados".

¿Será éste el diagnóstico de nuestras comunidades cristianas? Rotundamente: quiero creer que no.  Decía Bernanos: "El Evangelio y Cristo siempre son jóvenes, ¿sois vosotros los viejos?".

Esta es la clave que debemos y podemos recordar con motivo de la Iglesia Diocesana: la renovación, la ilusión, vendrá desde dentro. Hay que regresar siempre al Centro.

Desde aquí tendremos que salir a la plaza pública y volver a recordar algunas verdades que vertebran nuestra Iglesia, hoy y siempre. Habrá que recordar que somos mucho más que una ONG de la caridad y de la promoción humana: somos la presencia viva de Jesucristo; que no somos ni una monarquía medieval ni una democracia formalista: somos una fraternidad; que no somos ni inmovilistas ni relativistas: somos, al mismo tiempo, comunidad de santos y pecadores; no somos ni humanistas ni teocentristas: somos el Pueblo de Dios que camina hacia la nueva y definitiva Jerusalén; no somos ni víctimas ni verdugos: somos personas católicas, abiertas a toda la humanidad; no somos ni espiritualistas ni horizontalistas: somos levadura de vida nueva y de una nueva humanidad.

En esta Jornada tan significativa -que bien pudiera denominarse como nuestro cumpleaños comunitario- no está de más volver a recordar la brújula que nos dejó el Sínodo Diocesano: N= amor apasionado a Jesucristo; S= eclesialidad y sentido de pertenencia a nuestras comunidades; E= formación permanente y sana espiritualidad; O= presencia pública y transformación de todas nuestras realidades personales y ámbitos sociales.

Necesitamos hombres y mujeres nuevos para una Iglesia y una sociedad nuevas. Porque merece la pena, necesitamos donar no sólo nuestro tiempo y dinero sino nuestra propia persona.

Día de la Iglesia Diocesana: La Iglesia con todos y entre todos

Carta del Arzobispo: La Iglesia con todos y entre todos

Entrevista a Mons. Francisco Gil Hellín

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Día de la Iglesia Diocesana

 

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