|
Ante el Día de la Iglesia Diocesana |
|
|
Raúl Berzosa Martínez |
|
|
¿Será éste el diagnóstico de nuestras comunidades cristianas? Rotundamente: quiero creer que no. Decía Bernanos: "El Evangelio y Cristo siempre son jóvenes, ¿sois vosotros los viejos?". Esta es la clave que debemos y podemos recordar con motivo de la Iglesia Diocesana: la renovación, la ilusión, vendrá desde dentro. Hay que regresar siempre al Centro. Desde aquí tendremos que salir a la plaza pública y volver a recordar algunas verdades que vertebran nuestra Iglesia, hoy y siempre. Habrá que recordar que somos mucho más que una ONG de la caridad y de la promoción humana: somos la presencia viva de Jesucristo; que no somos ni una monarquía medieval ni una democracia formalista: somos una fraternidad; que no somos ni inmovilistas ni relativistas: somos, al mismo tiempo, comunidad de santos y pecadores; no somos ni humanistas ni teocentristas: somos el Pueblo de Dios que camina hacia la nueva y definitiva Jerusalén; no somos ni víctimas ni verdugos: somos personas católicas, abiertas a toda la humanidad; no somos ni espiritualistas ni horizontalistas: somos levadura de vida nueva y de una nueva humanidad. En esta Jornada tan significativa -que bien pudiera denominarse como nuestro cumpleaños comunitario- no está de más volver a recordar la brújula que nos dejó el Sínodo Diocesano: N= amor apasionado a Jesucristo; S= eclesialidad y sentido de pertenencia a nuestras comunidades; E= formación permanente y sana espiritualidad; O= presencia pública y transformación de todas nuestras realidades personales y ámbitos sociales. Necesitamos hombres y mujeres nuevos para una Iglesia y una sociedad nuevas. Porque merece la pena, necesitamos donar no sólo nuestro tiempo y dinero sino nuestra propia persona.
|
|
|
|
|
|
|
|