| Buena Noticia | ||
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Domingo 1º de Adviento Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7 1ª Corintios 1, 3-9 Marcos 13, 33-37
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En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: - «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!»
El mensaje del discurso escatológico no es un mensaje privado o esotérico, sino un mensaje destinado a toda la comunidad cristiana. La misión que a esa comunidad se le ha confiado no es fácil. Ha de seguir fielmente a uno que está a punto de ser crucificado y que nunca dejará de ser "el crucificado". Para ello necesita aliento y estímulo. Urge, pues, hacer una llamada a la fidelidad, al coraje y a la vigilancia en el presente, subrayando el futuro que le aguarda. Este es el objetivo fundamental del discurso escatológico, del que, en su forma actual, el responsable último no es otro que el evangelista. Recogiendo, ordenando y comentando diversos materiales a su disposición, provenientes unos de Jesús y otros probablemente de alguna comunidad judeo-cristiana, nos lega uno de los relatos más ricos de contenido doctrinal y uno de los más cuidadosamente elaborados desde el punto de vista literario. El sentido general de la parábola parece bastante diáfano: se trata de una invitación a los discípulos a vivir atentos y despejados. La enseñanza de la parábola, y sobre todo la llamada insistente a estar alerta, está dirigida a todos. |
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Inmaculada Concepción Génesis 3, 9-15. 20 2ª Pedro 3, 8-14 Lucas 1, 26-38
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En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: - «»Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: - «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: - «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: - «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: - «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.
En este anuncio, abandonamos el marco solemne del templo y nos trasladamos a un pequeño lugar de Galilea. La salvación de Dios llega desde un lugar humilde, fuera de las grandes instituciones religiosas de Israel. Jesús es descrito, sin embargo, con los rasgos del Mesías del Antiguo Testamento. |
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