|
Adviento |
|
|
Jesús Yusta Sainz |
|
|
La sociedad humana avanza como una multitud que atraviesa una casa. Alguien va delante con las llaves, abriendo puertas y encendiendo luces. Durante siglos marchaban en cabeza abriendo las puertas los sacerdotes, más tarde vinieron los filósofos, luego llegaron e intentaron abrir los científicos. Hoy la puerta está cerrada y nadie sabe cómo abrirla. Vivimos en una época en que es común hablar de desorientación, de pérdida de norte: estamos como ante una puerta cerrada y no sabemos cómo abrirla. Adviento es una llamada a la autenticidad, a quitar la ceniza envolvente y recuperar lo definitorio del hombre, las últimas preguntas, el sentido; la época de hacernos conscientes de que no podemos vivir absortos en las urgencias inmediatas del día a día, a la vez que nos da la posibilidad de experimentar que no podemos encontrar ni en nosotros mismos ni en la realidad mundana, la última salvación, la última respuesta, que anhela el hondón más profundo de nuestro ser. "La filosofía no podrá operar ningún cambio inmediato en el actual estado del mundo. Esto vale no sólo para la filosofía, sino especialmente para todos los esfuerzos y afanes puramente mundanos. Sólo un Dios puede aún salvarnos. La única posibilidad de salvación la veo en que preparemos, con el pensamiento y la poesía, una disposición para la aparición de Dios... o con el pensamiento, lo más que podemos hacer es preparar la disposición para esperarlo" (M. Heidegger). La filosofía no abre las puertas del futuro hacia el que caminamos; tampoco la ciencia, ni la técnica, que no pueden responder a los últimos interrogantes del ser humano. La existencia del hombre acaba convirtiéndose en un templo derruido, si se encierra en sí y busca en sí mismo las respuestas a sus últimas preguntas. "Sólo un Dios puede aún salvarnos". Ésta es la esperanza del Adviento. |
|
|
|
|
|
|
|