Nº 743 - 23 de febrero a 8 de marzo de 2003

Buena Noticia

23 de febrero                 2 de marzo

23 de febrero de 2003          

Domingo 7º del tiempo ordinario

Isaías 43, 18-19. 21-22. 24b-25

2ª Corintios 1, 18-22

Marcos 2, 1-12

 

 

 

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2 de marzo

Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa.

Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra.

Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.

Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico:

- «Hijo, tus pecados quedan perdonados.»

Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:

- «¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?»

Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo:

- «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"?

Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados...»

Entonces le dijo al paralítico:

- «Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa.»

Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo:

- «Nunca hemos visto una cosa igual.»

 

La salvación ha comenzado ya a realizarse sobre la tierra. En la persona de Jesús, Dios se ha manifestado compasivo hacia el hombre pecador y desvalido y, reconciliándole consigo, ha inaugurado ya el proceso de la plena curación para la humanidad y para el mundo.

Liturgia Dominical

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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23 de febrero

2 de marzo

 

2 de marzo de 2003

Domingo 8º del tiempo ordinario

Oseas 2, 14b. 15b. 19-20

2ª Corintios 3, 1b-6

Marcos 2, 18-22

 

 

 

 

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23 de febrero

En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús:

- «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?»

Jesús les contestó:

- «¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos no pueden ayunar.

Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán.

Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor.

Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.»

 

El ayuno es una práctica religiosa que en el judaísmo se conectaba a dos circunstancias especiales: el advenimiento de una desgracia (duelo), y la inminencia de un acontecimiento relevante (preparación).

La actitud relajada de sus discípulos frente a esta práctica es motivo de escándalo para los maestros de la ley. La respuesta de Jesús es una autorrevelación. Comparando a sus discípulos con los invitados de honor en una fiesta nupcial, él se identifica con el "esposo", cuya presencia no permite más que el gozo y la alegría. Jesús es el esposo enamorado de su pueblo, que inaugura los tiempos nuevos de la alianza y salvación definitivas.

Estos tiempos nuevos, en los que no hay cabida ni para el duelo ni para la espera, exigen del hombre una novedad radical. No basta una simple adaptación. Es necesario renovar el interior. ¡Vino nuevo en odres nuevos!

Liturgia Dominical

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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23 de febrero

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