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No cualquier paz |
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Julián Gumiel Velasco |
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Sin embargo, la demagogia fácil ha marcado las argumentaciones de partidarios y detractores del posible ataque norteamericano contra el régimen de Sadam Husein. Hemos contemplado que en ese "no a la guerra" se enarbolaban banderas comunistas mientas se tildaba de "asesino" a los Estados Unidos, y las manifestaciones se convertían en sinónimo de apoyos al régimen iraquí, a Fidel Castro o a Hugo Chávez, y en soflamas antinorteamericanas que tanto predicamento tienen por estos pagos. Precisamente porque gozamos de estas cotas de libertad en nuestras sociedades democráticas, los ciudadanos pueden mostrar su opinión sobre la política de sus gobiernos. Y precisamente en países europeos como Francia y Alemania esas cotas de libertad las deben, en gran parte, a los Estados Unidos. Esas manifestaciones no son posibles en otros lugares. No lo olvidemos. No seré yo quien reniegue de ese "No a la guerra". Nadie desea un conflicto bélico. Pero no está de más recordar que la ausencia de guerra no es sinónimo de paz. Y que no es aceptable cualquier paz, ni cualquier precio para alcanzar la paz. En la medida en que la comunidad internacional se mantenga firme en sus exigencias a Irak y a cuantos países alteren la paz y la seguridad mundiales, se evitarán los conflictos bélicos. No es admisible una posición irenista ingenua que pretenda que evitar el conflicto sin más es lograr la paz. La paz no se consigue sola. Hay que luchar y trabajar por ella. Y eso significa diálogo, actividad diplomática... y en ocasiones, como último recurso, la guerra, cuando algún dirigente se niega sistemáticamente a cumplir las leyes y pone en peligro la paz y la seguridad mundiales. Y eso no es "guerra preventiva". No se puede recurrir a la guerra sin más, con precipitación, pero tampoco mirar para otro lado, porque las consecuencias acaban siendo peores. Precisamente por mirar para otro lado en el caso del nazismo se llegó a una Segunda Guerra Mundial tan cruel en sus consecuencias. En definitiva, recemos por la paz, trabajemos por la paz, que es el bien supremo, pero por una paz basada en la verdad, la justicia, el amor y la libertad, como muy bien dijo Juan XXIII en la encíclica Pacem in Terris. |
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