| Buena Noticia | ||
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Domingo 25º de tiempo ordinario Sabiduría 2, 12. 17-20 Santiago 3, 16 - 4, 3 Marcos 9, 30-37
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En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: - «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: - «¿De qué discutíais por el camino?» Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: - «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.» Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: - «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»
El camino doloroso del Mesías -camino hacia Jerusalén- pasa por Galilea, cuna del evangelio y escenario fundamental de la actividad de Jesús. Quiere ser un paso rápido y desapercibido. Jesús pretende concentrarse en la instrucción de sus discípulos y nadie ni nada debe impedir que logre su destino, por segunda vez anunciado. Este segundo anuncio presenta algunas diferencias respecto al primero. El "debía sufrir" queda sustituido por un "va a ser entregado" y el "rechazo" de las autoridades judías se convierte en una "entrega" a la violencia de los hombres, que evoca el destino del siervo de Yahvé. A pesar de ser un anuncio más breve, todo queda en él mejor precisado. |
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Domingo 26º de tiempo ordinario Números 11, 25-29 Santiago 5, 1-6 Marcos 9, 38-43. 45. 47-48
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En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: - «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.» Jesús respondió: - «No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Y, además, el que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al infierno. Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.»
El silencio ha quedado roto, pero por un motivo nada encomiable. En la protesta de Juan subyacen todavía las preocupaciones precedentes de grandeza y prestigio. En vez de algunos, ahora es el grupo en cuanto tal el que reivindica una especie de exclusiva en su relación con Jesús. Las palabras del Maestro son una exhortación a la tolerancia y a la magnanimidad, exhortación que sigue teniendo plena vigencia. La exclusión sectaria, la mirada narcisista, la pretensión monopolizadora, son actitudes extrañas al espíritu de Jesús. |
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