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Burgos, capital misionera |
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El jueves, 18 de septiembre, comenzó en nuestra ciudad el I Congreso Nacional Misionero. Desde ese día hasta la tarde del domingo, Burgos ha sido una ciudad cosmopolita, en la que se han dado cita hombres y mujeres llegados de todas las latitudes del mundo para reflexionar, experimentar y rezar sobre lo que es la médula de la Iglesia: su mandato de anunciar a los hombres de todos los tiempos, situaciones y culturas que Jesucristo es el Señor y Salvador de todos. Ha sido una deferencia de la Conferencia Episcopal Española, y de la Comisión Episcopal de Misiones elegir nuestra ciudad como sede de este magno acontecimiento. Gracias a él, el nombre de Burgos se hará aún más presente en todos los rincones del mundo y en todos los foros eclesiales, tanto jerárquicos, como apostólicos y doctrinales. En nombre de toda esta Iglesia local deseo agradecer este privilegio y ofrecer a todos la acogida que cabe esperar en una Iglesia que se precia de tener misioneros en todas partes y que ha dado muestras sobradas de su vibración apostólica. Además de agradecer, me atrevería a pedir a todos los diocesanos que a lo largo de este fin de semana no pierdan la oportunidad de prestar pequeños servicios a los participantes en el Congreso, de interesarse por los trabajos que desarrollan en sus lugares de origen, de asistir a los actos que sean abiertos, y de pedir a Dios que bendiga generosamente a todos los congresistas para que vean con claridad lo que Él espera de ellos en estos momentos y las conclusiones que saquen sean eficaces para el impulso de la misión. Sin embargo, lo que más deseo es que este Congreso sea una gracia especial para renovar e impulsar nuestro histórico talante misionero. Por fortuna, ha pasado el tiempo en el que se pensaba que "las misiones" estaban en África y Extremo Oriente y que para enrolarse en la misión había que marchar hacia esas tierras lejanas. Ciertamente, estas tierras siguen siendo lugares en donde es indispensable la presencia de los que habitualmente llamamos "misioneros". Pero "la misión" pertenece a la esencia de la Iglesia. La Iglesia no puede existir sin ser misionera y si no lo fuera dejaría de ser Iglesia. Por tanto, allí donde está la Iglesia está la misión; y como la Iglesia está donde hay un bautizado, allí está la misión. Todos nosotros somos misioneros por naturaleza, es decir: anunciadores de Jesucristo, muerto y resucitado. Los padres son misioneros de sus hijos, a los que trasmiten la fe; los enfermos, son misioneros ofreciendo sus dolores y oraciones por el crecimiento del Reino; los niños son misioneros apoyando la Santa Infancia con sus oraciones, sacrificios y limosnas; los jóvenes son misioneros acogiendo la llamada a seguir a Jesucristo en el Matrimonio y, eventualmente, en el sacerdocio; los sacerdotes son misioneros anunciando con esperanza y alegría el Evangelio de Jesucristo en su comunidad cristiana. Como recoge el documento base del Congreso, "la llegada del tercer milenio para el cristianismo es una invitación urgente a seguir presentando el mensaje cristiano a los no cristianos, a los creyentes y a los agnósticos", porque "está llamado a anunciar que en Cristo el Padre ha dicho la Palabra definitiva sobre el hombre y sobre la historia y el Verbo encarnado es el cumplimiento del anhelo presente en la humanidad: recuperación del proyecto originario de Dios como reconciliación del hombre consigo mismo, con los demás, con la humanidad, con la creación entera, y con Dios". ¡Ojalá que el Congreso Misionero sea un revulsivo apostólico para nuestra Iglesia local!
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Arzobispo de Burgos
"La Iglesia no puede existir sin ser misionera y si no lo fuera dejaría de ser Iglesia. Por tanto, allí donde está la Iglesia está la misión; y como la Iglesia está donde hay un bautizado, allí está la misión. Todos nosotros somos misioneros por naturaleza, es decir: anunciadores de Jesucristo, muerto y resucitado" |
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