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El
problema de la Unión Europea se ha planteado, en clave de urgencia, en
nuestros días. Son muchas las causas, los condicionantes, las
dificultades, las consecuencias de semejante cuestión. Una constatación
inicial es la gravedad y la insoslayabilidad de semejante problema. Sólo
los inconscientes o los agoreros de catástrofes pueden mirar a otra
parte y dirigir la atención a otros problemas. Se trata de una cuestión
de importancia capital para el mundo entero que camina hacia una
globalización mundial. Urge sea un compromiso asumido no sólo por el
mundo político y social, sino, especialmente, por el mundo de la
cultura, que ha de aprovechar su peso e influjo para
la consolidación de una conciencia europea. Se puede constatar,
con dolor, que en el mundo de la cultura, este problema ha quedado
reducido a unas pocas voces aisladas y en tono menor
respecto a los tentativos que el mundo económico sí ha
efectuado. De los múltiples Convenios y Congresos europeísticos es
honesto y triste el constatarlo, no han salido más que exhortaciones,
mociones, propuestas, pero pocas ideas de fondo que iluminen la
autocomprensión y superen temores, límites y egoísmos. El de
individuar los elementos de fondo comunes a todos los pueblos europeos,
lo que une y no lo que separa, es la tarea reservada a los hombres de
cultura. Las características étnicas particulares deben ser
consideradas en una dialéctica de complementariedad. La multiplicidad
tiene un valor cultural e histórico constructivo cuando es vista como
expresión de la riqueza de un todo, que tiene sólidos cimientos,
comunes a un número cada vez mayor de colectividades y
comunidades.
No
es fácil captar los elementos fundamentales comunes a toda Europa y
presentar las características particulares de cada pueblo en una visión
orgánica de complementariedad, pero
no es imposible. Algunos ya lo han intentado, es cierto que en
solitario. Es necesario que llegue a ser opinión pública, conciencia
difusa de convicción profunda y sincera.
Una
primera contribución en este sentido será el indagar histórica y
filosóficamente sobre el significado y sobre el contenido del concepto
de Europa ¿Cómo la idea de Europa se ha concebido y elaborado a lo
largo de la historia?. Semejante estudio puede servir a los
edificadores prácticos y a los ejecutores de la unión europea
para construir una Europa verdadera, real, no abstracta y fantástica;
una Europa que la historia ofrece a los hombres de hoy, la que se ha
venido forjando a lo largo del tiempo. Y en este proyecto nos
encontramos con tres montes insilenciables: Olimpo, Calvario, Capitolio.
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