| Buena Noticia | ||
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Domingo 33º de tiempo ordinario Daniel 12, 1-3 Hebreos 10, 11-14. 18 Marcos 13, 24-32
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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: – «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sólo el Padre.»
El anuncio sobre la venida del Hijo del hombre ocupa el centro del discurso, dándole a todo él una fuerte tonalidad cristológica. Los dos primeros versículos describen una estremecedora conmoción cósmica con imágenes típicas de la tradición profética y apocalíptica. Es la manera de aludir en el judaísmo a las grandes intervenciones de Dios en la historia de la humanidad, intervenciones que implican un viraje decisivo en esa historia, aunque no necesariamente el final de la misma. Bajo tales imágenes subyace la hermosa idea de que existe una misteriosa solidaridad entre el destino del hombre y del cosmos. En simultaneidad e inmediata sucesión a ese cambio de rumbo en la historia humana tendrá lugar la venida del Hijo del Hombre en su rango divino y glorioso para reunir o salvar a sus elegidos. |
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Jesucristo, Rey del Universo Daniel 7, 13-14 Apocalipsis 1, 5-8 Juan 18, 33b-37
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En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: – «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó: – «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?» Pilato replicó: – «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?» Jesús le contestó: – «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.» Pilato le dijo: – «Conque, ¿tú eres rey?» Jesús le contestó: – «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»
Nos presenta Juan el proceso de Jesús ante Pilato, en el interior del pretorio. A nivel histórico podemos suponer que la acusación jurídica presentada contra Jesús sería su presunta realeza subversiva contra el poder romano. La comunidad cristiana, a la luz de la resurrección, descubrió detrás de tal acusación su profundo significado mesiánico: Jesús es el Rey prometido en las profecías. Pero su realeza consiste en ser ”testigo (‘martyr’ en griego) de la verdad”. La verdad que testifica Jesús no es de tipo lógico o filosófico, sino teológico: es testigo de Dios en el mundo. El tema de la realeza de Jesús volverá a aparecer en la burla de los legionarios (el manto de púrpura y la corona de espinas), en las palabras de Pilato (”Aquí tenéis a vuestro rey”) y en el título clavado en la cruz (”Rey de los judíos”. Es una de las notas características del cuarto evangelio. |
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