Nº 759 - 16 a 29 de noviembre de 2003

Punto de Vista

Anónimos

Jesús Yusta Sainz

Jesús Yusta Sainz.La persona humana, es un ser único, por tanto no es un individuo intercambiable ni sustituible. Por ser relacional goza del privilegio de poder ser nombrada, identificada con un nombre propio, que le pertenece sólo a ella. Si algo le es propio es su nombre. Por el nombre somos identificados, llamados, invocados, acusados. El nombre es la expresión de nuestro ser. Renunciar al nombre es renunciar a la propia identidad, sólo explicable desde la cobardía y la renuncia a asumir la autoría, y por tanto la responsabilidad, de nuestras acciones, lo que nos autoacusa, al menos, de la poca convicción y de la dudosa sinceridad de lo que hacemos. Esto lo convierte en inmoral.

Todo es opinable, todo es discutible, nadie puede considerarse con el monopolio de la verdad, pero si hay algo que revela mala fe y poca honradez es el lanzar opiniones, con pretensión de verdad, oponerlas a otras, desde la cobardía, el cinismo y la bajeza hipócrita del anonimato.

Por principio, el escrito anónimo, sea de reproche o de alabanza, ha de ser censurado, destruido y arrojado a la papelera. Al estar elaborado desde la cobardía, anula, por principio, el valor de lo que se ha escrito, refuerza la artillería pesada de aquél contra quien se dirige y hace un flaco servicio a quien pretende defender y, si se alaba, no es creíble por pusilánime.

Todo debate es interesante y, si es sincero, enriquecedor. Pertenecemos a una Iglesia donde podemos y debemos hablar, opinar, debatir, siempre con el deseo de encontrar la Verdad que, por definición, nos desborda. En este diálogo, si hay una norma que observar, es el respeto a quien piensa distinto, sólo alcanzable desde el amor que posibilita la comprensión mutua. No hay respeto desde el momento que uno de los interlocutores se niega a identificarse, lo que anula todo su discurso.

Maquiavelo popularizó aquello de que el fin justifica los medios. A estas alturas de la Historia lamentamos que haya quienes con medios ilícitos pretendan fines que ellos consideran nobles.

Señor director: Hace unos días, en esta revista, aparecía un escrito inidentificable, sin nombre, anónimo. Lástima que el contenido, fondo y forma, quedasen anulados por esta estupidez del anonimato. Puedo estar equivocado, no lo sé, pero pienso que escritos de este tipo, inmorales, no pueden figurar en un órgano de expresión diocesano.

 

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