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Nº 760 - 30 de noviembre a 13 de diciembre de 2003

   Patrimonio rural

Amor y trabajo en los pueblos

Miguel Ángel Delgado López

fermin_obras.jpg (19496 bytes)El patrimonio rural es gozo y sacrificio para casi todas las parroquias. Los sacerdotes y los cristianos más concienciados están cuidando y recuperando sus iglesias. El cariño, la cooperación económica, la fe y el cuidado cotidiano permiten que muchos templos rurales estén en pie. Otros están en situaciones deficientes o muy deficientes.

Es verdad la sensibilidad social por el cuidado del patrimonio, pero no siempre las sensibilidades se pueden concretar en la recuperación de muchas iglesias. La ayuda de las instituciones es insuficiente y las dificultades muchas veces son insalvables. El trabajo y el sufrimiento de muchos sacerdotes y de los mismos laicos es doloroso para ellos y también para los demás.

Es verdad el ejemplo de muchas parroquias en cuidar su iglesia, desde el norte al sur y del este al oeste. Solamente basta darse un recorrido por las Merindades, Trespaderne, Villadiego, Los Pinares, Aranda. Cada arciprestazgo tiene su ejemplo de recuperación de sus iglesias, aunque al lado o en el pueblo vecino suceda todo lo contrario. Normalmente cuando hay una comunidad parroquial viva y consciente, su templo tiene la mayor garantía de permanecer en pie. Al fin y al cabo cada parroquia es fruto de la fe y cuando esto se vive no suele «morir» el templo. Porque reconstruir la iglesia es signo de recrear y alentar la vida parroquial. Los cristianos y sus sacerdotes son testigos directos de este cuidado y de este mantenimiento. La ayuda estatal no suplirá nunca la vida y el mantenimiento de un templo. Aunque sin la ayuda de las Administraciones tampoco se podrán mantener nuestros templos.

Víctor Ochotorena e Ireneo Serrano, en la ermita de Modúbar de San Cibrián.Víctor Ochotorena y Fermín González tienen muchas horas de trabajo en las iglesias rurales. Están dejando en girones de amor su vida, ayudando a tantos sacerdotes a cuidar y rehabilitar la iglesia. Estos dos sacerdotes saben de lo duro que es mantener el patrimonio rural; por sus manos han pasado muchas vigas de hierro y de madera. No es la primera vez que personal de la Junta de Castilla y León me han hablado de su buen hacer. ¡Y qué hubiese sido de muchas iglesias sin su ayuda y colaboración!

Y lo mismo muchos sacerdotes y gentes de los pueblos. El trabajo para ellos no es el lucimiento de recuperar el «gran» patrimonio, pero ellos saben que están recuperando el patrimonio de casi todo el mundo rural, si Dios les da salud y tiempo, porque ganas y trabajo les sobran, por muy malas que estén las circunstancias. Estas fotos tomadas en Modúbar de San Cibrián son un ejemplo (que conste que saqué las fotos sin que me vieran). Sus manos y las manos de tantos sacerdotes rurales, lo mismo que muchas mujeres y hombres del campo, hacen posible que muchas iglesias –nunca mejor dicho– no estén por los suelos.

Con estas gentes nuestras iglesias rurales tendrán menos miedo «a caerse», os lo aseguro.

 

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