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Carta de María "monaguilla" a su Madre, la Iglesia de Roma |
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Feli Alonso Curiel |
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Querida Madre: Soy una niña de 11 años y me acaba de decir mi madre que a algunos de ustedes que viven en Roma no les gusta mi presencia en el altar cuando ayudo como monaguilla en mi parroquia y, como yo, las miles de niñas de todas las parroquias del mundo. Como no lo entendía, porque yo había estado con niños en la catequesis y en la misa infantil, se lo pregunté a mi madre. Ella me lo ha explicado a su manera, pero quiero que ustedes me lo expliquen mejor. Mi madre me ha dicho que ser mujer en la Iglesia es ejercer la humildad. Me dice que algunas cosas van cambiando, pero que eso de ser mujer y ser en Cristo no es lo mismo que ser varón y ser en Cristo. Esto no se lo he entendido. Me decía también que cuando ella nació, la abuela tuvo que ir a la iglesia para purificarse y que cuando yo nací, ella se negó porque, para ella, parirme no era estar sucia ante Dios, sino al contrario. También me ha dicho que no podemos ser curas las mujeres, porque eso sería denigrar a Cristo, no como Hijo de Dios, sino como varón que fue. Miraba a mi madre y vi que se entristecía cuando me hablaba de que las mujeres somos objetos y no sujetos eclesiales. Esto tampoco se lo he entendido. Lo que sí le ha entendido es que las mujeres somos las que llenamos los bancos de la iglesia; las que transmitimos como podemos la fe a nuestros hijos;las que damos catequesis; las que barremos los templos y las que echamos miejillas de dinero en los cestos. Tampoco la he entendido cuando me ha dicho que quién sabe si algún día el Espíritu no hable por medio del boicot femenino en las iglesias y que los templos se conviertan en gigantescas caracolas vacías. A mí lo que me importaba era saber si podía seguir siendo monaguilla en mi parroquia. Ella me lo dejó muy clarito: «Pues claro, paloma mía. Las madres, aunque amamos mucho, también erramos. La Iglesia de Dios es madre en Roma, pero también es madre cada parroquia sencilla. Venga, cariño, vete ya a la parroquia, porque el cura te espera hoy, más que nunca, con los brazos abiertos y orgulloso de que seas la monaguilla de la parroquia. Lo está él, nuestra parroquia y todas las parroquias del mundo, madres también como Roma». Mi madre me dio un beso y dijo que ella era madre de su iglesia doméstica. Tampoco lo entendí. ¿Me lo explican? Yo me he quedado preocupada y no sólo por si no puedo ser monaguilla, sino porque dicen en mi parroquia que los curas son todos mayores y no hay jóvenes que quieran ser curas y que ése sí es un problema gordo. |
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