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A vueltas con la TV |
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Fidel Fuente Giménez |
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Mucho y desde diversos ámbitos se viene hablando últimamente de la televisión y más en concreto de la denominada tele-basura. Es llamativo cómo hay una gran unanimidad a la hora de la valoración negativa de la misma; es de suponer que muy pronto surjan remedios y arreglos contra esa gripe televisiva. Ojalá que se haga y se acierte. Pero no seamos ingenuos, ni esperemos que desde altas esferas vayan a solventar dicho problema, porque este es infinitamente mayor y la tele-basura no es sino una de sus manifestaciones. Y ya sabemos cuántas veces los remedios de los males sociales son meros parches, cuando no algo peor: así para acabar con el hambre, una de las soluciones es esterilizar a la población del tercer mundo (y no el comercio justo, la condonación de la deuda externa,…); el remedio contra el embarazo no deseado de las adolescentes, es darles preservativos (y no educarlas en el verdadero amor, en el valor de la castidad y la templanza); la solución contra el uso y abuso de las drogas, campañas del atrévete a decir que no (y nada de enseñar el valor del sacrificio, la alegría de la entrega a los demás, a los necesitados,…). Nuestra sociedad está enferma, el diagnóstico de la gravedad hágalo cada cual. La televisión es como el dolor en la enfermedad, es aquello que nos avisa de que algo no va bien. Esta es la televisión que la gente demanda, se dice; la audiencia es soberana, se apostilla. Y yo repito, nuestra sociedad está enferma. ¿Cuántas televisiones tengo en casa? ¿Cuántas horas le dedico? ¿La pongo cuando quiero ver un programa concreto o a ver qué echan? ¿Protejo mi intimidad y la de mi familia cuidando lo que vemos y escribiendo cuando aquello que nos dan es ofensivo, alienante,…? Un ejercicio práctico: intentad escribir algo sobre un tema, de modo que pueda resultar interesante y enriquecedor para aquel que lo lea. Si descubrís que os cuesta, que es difícil, pensad luego cómo se podrá llenar de contenido serio, pensado y enriquecedor, tantísimas horas de televisión cada día. Si el Cid, Santo Domingo, Cervantes, Mozart o Julio Verne pudieron vivir y realizarse sin televisión ¿por qué la seguimos creyendo esencial? Si Madre Teresa, Juan Pablo II, y tantas gentes de bien es de suponer que apenas ven nada de televisión ¿por qué nos parece tan importante? Quitemos la televisión de ese lugar de honor en nuestros hogares y metámosla en el armario (alguna vez la podremos sacar para alguna cosa) y saquemos de ese armario aquellos libros, las aficiones un tanto aparcadas, la foto de familia y situémoslas en ese lugar de honor que les corresponde. Tú lo agradecerás, tu familia te lo agradecerá y la sociedad lo agradecerá. Y si no lo hiciere, no por ello dejará de hacerle un gran bien. |
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