SEMBRAR  -  Nº 762  -  28 de diciembre de 2003 a 10 de enero de 2004


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Por las tierras de la Navidad

  • Ángel del Campo Camino

Basílica de la Natividad de Belén.Los Magos de Oriente dicen los entendidos que eran astrólogos babilonios y consta que Abrahán, el primer antepasado en la genealogía de Jesús, era también de Iraq, de Ur de los Caldeos, en la Antigua Mesopotamia Y allí nació también Sara, su primera mujer y con la que empieza la lista de mujeres de cuyos vientres sucesivos nacerían María y el mismo Jesús. También de esta tierra iraquí fueron Rebeca, la mujer de su hijo Isaac, y Lía y Raquel, las mujeres de su nieto Jacob o Israel, padre de las doce tribus. De Iraq partieron Abrahán y Sara en pos de la Tierra prometida, la tierra de Palestina; ella, un tanto frustrada porque su vientre era estéril. Con ellos fueron los pastores de sus rebaños, que recuerdan a los pastores anunciados y anunciadores de la primera Navidad, ya que llevaron también a Palestina las 

"Por distintas razones, hoy por hoy, la tierra de los magos y donde nació Abrahán (Iraq) y Palestina, la tierra de la Navidad, donde nacieron Ismael, Israel y Cristo, es un hervidero de odios y muertes entre medio-hermanos"

tradiciones y leyendas que irían a componer los primeros capítulos de la Biblia: El Paraíso terrenal bañado por el Eúfrates y el Tigris y la primera profecía de la Navidad en «el Hijo de mujer que aplastará la cabeza del dragón»; el pastoreo de Abel y la agricultura de Caín, que según los entendidos se originó por las vegas de estos ríos iraquíes; el diluvio universal de Gilgamés o Noé, testificado tras excavaciones por el investigador Leonard Woolle en estas tierras en 1929; la Torre de Babel o Babilonia, símbolo de una cultura muy alta. Sería también en Babilonia donde el profeta Daniel hizo su gran profecía de la Navidad con la visión del Hijo del Hombre y de las 70 semanas que faltaban para que llegara. Cuando salieron de esta tierra de Iraq (Mesopotamia) a la tierra de Canaán o Tierra Prometida, Sara se iba haciendo vieja y porque no heredaran los criados u otros extraños, mal que mal, le consintió a su marido que tuviera hijos con la criada egipcia Agar, la que tuvo a su hijo Ismael (padre de los árabes), que, por cierto, ya nació en Palestina. Cuando, unos años después, Sara tuvo a su hijo Isaac («de milagro», pues era muy anciana), ésta –la madre del pueblo judío en su hijo Isaac y en el nieto de éste, Judá– echó de casa al hijo de la esclava y lo obligó a huir por el desierto. El odio de las madres ha perdurado eternamente en sus hijos judíos y árabes y, a pesar de tener el mismo padre, han estado echándose de la tierra de su nacimiento con odio irreconciliable hasta el día de hoy.

Los hijos de Abrahán y Sara estuvieron en Palestina y formaron el reino de Judá-Israel con David, que conquistó Jerusalén; pero años más tarde y divididos los dos reinos, Jerusalén fue conquistada por Nabucodonosor y los judíos llevados esclavos a la tierra de su padre Abrahán (en Iraq), a Babilonia y allí estuvieron en el destierro llorando a las orillas del Eúfrates y del Tigris hasta que Ciro, rey de los persas y conquistador de Babilonia, se compadeció de ellos y los dejo tornar a su tierra de Palestina

En la primera Navidad, cuando nació Jesús en Belén de Judá, Judea tenía por rey a Herodes el Grande, que era hijo también de una árabe, Kypros, y un idumeo o semijudío, Antipatros. En Roma gobernaba César Augusto. En el año 70 de Cristo,  las legiones de Vespasiano y su hijo Tito destruyeron Jerusalén y la tierra de la Navidad fue ocupada por los romanos. Y de nuevo los judíos tuvieron que ir a la diáspora o dispersión por el mundo. Pero en el 622 los hijos de Abrahán y Agar (en su hijo Ismael, padre de los árabes), se hicieron musulmanes y abrazaron el Islam de Mahoma y la sangre agarena se tornó más belicosa, pues dicha religión empezó y se expandió con la Guerra Santa a la que todavía hoy invocan los fanáticos y terroristas. Y así, juntas la religión y la espada, invadieron la tierra donde nació su antepasado Ismael, Palestina, y el 637 el segundo califa, Omar, conquistó Jerusalén a los romanos. Para hacer más suya esta tierra, aseguró que, sobre la roca del monte Moria en Jerusalén, en la que Dios mandó a Abrahán sacrificar a su hijo y en la misma roca que fue crucificado Jesús, Mahoma había subido al cielo en su caballo con rostro humano Al-barac; y allí construyó su mezquita. Por eso Jerusalén es ciudad sagrada también para los musulmanes. Y allí han estado, excepto pequeños intervalos, hasta el 1948 en que se creó el estado de Israel, donde se quiso hacer convivir a los hijos de Sara con los hijos de su esclava Agar: judíos y palestinos. Mal arreglo para quienes se tienen odio desde que les dieron a luz sus respectivas madres.

Y así, por distintas razones, hoy por hoy, la tierra de los magos y donde nació Abrahán (Iraq) y Palestina, la tierra de la Navidad, donde nacieron Ismael, Israel y Cristo, es un hervidero de odios y muertes entre medio-hermanos. Feliz Navidad con los hombres de buena voluntad que entonan y viven el «Noche de PAZ».

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