SEMBRAR  -  Nº 763  -  11 a 24 de enero de 2004


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11 de enero               18 de enero

11 de enero de 2004

El Bautismo del Señor

  • Isaías 42, 1-4. 6-7

  • Salmo 28

  • Hechos Apóstoles 10, 34-38

  • Lucas 3, 15-16. 21-22

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:

– «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.»

En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo:

– «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.»

 

Los misterios del Bautismo del Señor y de su manifestación en las bodas de Caná están estrechamente ligados con el acontecimiento salvífico de la Epifanía.

La fiesta del Bautismo del Señor concluye el tiempo de Navidad. Para que los fieles sean sensibles a lo referente al Bautismo y a la memoria de su nacimiento como hijos de Dios, esta fiesta puede constituir un momento oportuno para iniciativas eficaces, como: el uso del Rito de la aspersión dominical con el agua bendita en todas las misas que se celebran con asistencia del pueblo; centrar la homilía y la catequesis en los temas y símbolos bautismales.

Se da una referencia al sacramento del Bautismo, por el que el cristiano es injertado en Cristo y en su misterio pascual.

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18 de enero de 2004

2º domingo del tiempo ordinario

  • Isaías 62, 1-5

  • Salmo 95

  • 1ª Corintios 12, 4-11

  • Juan 2, 1-11

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo:

– «No les queda vino.»

Jesús le contestó:

– «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»

Su madre dijo a los sirvientes:

– «Haced lo que él diga.»

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.

Jesús les dijo:

– «Llenad las tinajas de agua.»

Y las llenaron hasta arriba.

Entonces les mandó:

– «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.»

Ellos se lo llevaron.

El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo:

– «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.»

Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

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