Corpus: Dios, en busca del hombre

Con gran emoción cristiana celebramos cada año la fiesta del Corpus Christi.

En este día, uno no puede menos de evocar la celebración de esta fiesta celebrada en lugares tan distintos. En nuestros pueblos pequeños, con un fervor indescriptible, entre niños de Primera Comunión... En procesiones que recorren nuestras calles de Toledo, de Burgos, con una brillantez y devoción proverbiales... En conventos de clausura, en que las religiosas preparan con amor detalles que se repiten desde hace siglos.

Dichoso el cristiano cuya fe le ayuda a adivinar el misterio de amor encerrado en este Sacramento. Jesús, en el Sacramento eucarístico, busca el encuentro con los amigos, con los enfermos, con los que sufren, sin rechazar el cruce de miradas con los que están sanos y buscan siempre metas más altas en su vida.

Dios, en este Sacramento, hecho con pan y vino, que los hombres han recogido en los campos tantas veces bendecidos por el sacerdote y mimados por el trabajador, es llevado por las calles y mira a nuestras casas que guardan amores y sufrimientos.

¡Qué cercano tenemos a Dios! Él, que, a veces, está olvidado en el Sagrario, no deja de pensar en cuantos recorremos las calles.

Cada año, cuando la procesión del Corpus discurre por las avenidas, entre el nutrido grupo de espectadores, quiero adivinar las miradas amorosas del Señor a tantos amigos bien queridos que, con respeto, esperan el paso de Dios.

Día radiante del Corpus, que llena de esplendor ciudades y pueblos. Con amor acompañamos al Buen Amigo que recorre nuestras calles y nos mira y nos escucha.

Veneremos con íntima devoción un sacramento tan grande que encierra al mismo Dios, nuestro Hermano y nuestro Padre, que se hizo alimento en la Comunión para todos los caminantes.

El Señor viene: quiere ver a los niños y a los jóvenes, a los adultos y a los mayores; quiere escucharlos a todos, quiere ser alimento de Vida eterna para cuantos le reciban.

Alegría en las calles, porque pasa el Señor. Abramos la puerta de la casa, y el corazón, para que Dios nos llene de luz.

 

Santiago Martínez acebes, Arzobispo de Burgos
Santiago Martínez Acebes,

Arzobispo de Burgos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Cada año, quiero adivinar las miradas amorosas del Señor a tantos amigos bien queridos que, con respeto, esperan el paso de Dios"

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