Comunicado 

¡No a la guerra! ¿Demos siempre una oportunidad a la paz!

15 de febrero de 2003

Consejo Diocesano de Pastoral de Burgos

Ante la amenaza de una guerra que podría recaer sobre las poblaciones de Irak, ya extenuadas por más de doce años de embargo, Juan Pablo II ha dicho ¡No a la guerra! (como ya lo dijo en la anterior guerra del Golfo mientras la mayoría de los gobiernos la apoyaban). Juan Pablo II reitera que la guerra "nunca es una simple fatalidad. Es siempre una derrota de la humanidad. El derecho internacional, el diálogo leal, la solidaridad entre los Estados, el ejercicio tan noble de la diplomacia, son los medios dignos del hombre y las naciones para solucionar sus contiendas... La guerra nunca es un medio como cualquier otro, al que se puede recurrir para solventar las disputas entre naciones".

Manifestamos que no estamos de acuerdo con la guerra. La violencia nunca ha traído la paz. No se puede curar el odio con el odio. ¡Sólo con el amor solidario!

Consideramos que España debe buscar por todos los medios la paz y, por tanto, emplear todas sus fuerzas en este empeño, desde el convencimiento absoluto de que la paz es la suprema aspiración de la humanidad; una paz que solamente se puede conseguir si se respeta el orden de justicia establecido por Dios.

Creemos que toda acción bélica que tienda indiscriminadamente a la destrucción de los pueblos y sus habitantes, es un crimen contra Dios y contra la humanidad. El Dios que sigue gritando: "¿Qué has hecho de tu hermano?" Y clama en la conciencia de todo hombre la dignidad sagrada de toda vida humana, redimida con la sangre de Jesucristo.

Hay que condenar la guerra con firmeza y sin vacilaciones de ningún tipo gritar ¡No matarás! El camino de la paz produce frutos de justicia mientras que la violencia no. La paz no consiste en el silencio ante los oprimidos y ante las injusticias. La paz aparece solamente donde se salvaguardan las exigencias elementales de la justicia.

¿Cómo juzgará la historia a una generación que cuenta con todos los medios necesarios para alimentar a la población del planeta, para evitar la guerra del hambre que asesina a 40.000 niños todos los días, o para erradicar toda guerra, fruto de la injusticia y el egoísmo, y que rechaza el hacerlo por una guerra fratricida? ¡Qué desierto sería un mundo en el que la miseria no encontrara las respuestas de un amor que da la vida!

Juan Pablo II en su reciente mensaje para la celebración de la Jornada mundial de la Paz pide: "Que Dios Omnipotente, que desde las condiciones de opresión y conflicto nos llama a la libertad y la cooperación para bien de todos, ayude a las personas en cada lugar de la tierra a construir un mundo de paz, basados siempre cada vez más firmemente en los cuatro pilares que el beato Juan XXIII indicó a todos en su histórica encíclica (Pacem in Terris): verdad, justicia, amor y libertad".

Que todos nosotros, los que estamos reunidos en este lugar, símbolo de espiritualidad, de diálogo y de paz, contribuyamos con nuestra acción cotidiana a que todos los pueblos de la tierra progresen, en la justicia y la concordia, hacia las situaciones más dichosas y más justas, libres de la pobreza, la violencia y las amenazas de guerra.

Que el Espíritu Santo transforme nuestros corazones y borre de ellos cuanto pueda poner en peligro la paz y haga a los hombres instrumentos de paz, testigos de la verdad, de la justicia y del amor fraterno. Si no nos convertimos en instrumentos de la paz de Cristo, en constructores de paz, traicionaremos la herencia de Cristo.

 

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