E n t r e v i s t a

Pascal Pingault

Pascal Pingault y su mujer Marie Annick, actualmente padres de siete hijos, eran hace 25 años una joven pareja francesa que, tras haber abandonado la fe católica y buscar la verdad en las ideologías políticas y sociales, en las drogas, el arte y las filosofías orientales, cambiaron su vida profundamente cuando se volvieron hacia Jesús y entendieron que cuanto habían recibido tenían que compartirlo con las demás personas.

Pascal estuvo en Burgos, dentro de las visitas que realiza a diferentes ciudades españolas para dar a conocer su comunidad, que ya está extendida por 32 países.

"Vivo habitualmente en un barrio de leprosos"

Diario de Burgos

Pascal Pingault

Fundó la comunidad del Pan de Vida en 1976, tras una súbita conversión. ¿Cómo sucedió?

  Yo no era católico, pero un día, por casualidad, me encontré en una comunidad religiosa donde hacían la exposición del Santo Sacramento, y viví una experiencia personal de visión del rostro de Cristo, que me explicaba toda la organización del Pan de Vida. Por lo tanto, yo no he inventado nada, sólo obedecí a lo que había visto. Desde entonces, empezamos a vivir como los primeros apóstoles, fieles a la comunión fraternal y a la oración.

 

Participó activamente en la revolución de mayo del 68.

En mi juventud pertenecí a grupos revolucionarios anarquistas, pero, tras la fuerte conversión que tuve a los 23 años, quise llevar a efecto lo que había descubierto en el Evangelio. Encontré en Cristo a alguien que ponía en práctica lo que decía.

Éste fue el motor del nacimiento de toda nuestra comunidad. Decidimos vender nuestros bienes y repartirlos entre los pobres.

 

¿Quiénes forman la comunidad?

Familias de seglares y sacerdotes, que acogemos a los pobres y llevamos una vida familiar con ellos, vivimos en las mismas casas y compartimos bienes, oración y trabajo.

Los miembros de nuestra comunidad pronuncian votos, y nuestra forma de vida está reconocida por la Iglesia desde 1989. Fuimos invitados al encuentro de comunidades nuevas que tuvo lugar en Roma durante la Pascua de Pentecostés de 1998.

 

¿Cómo resume su filosofía de vida?

En llevar a cabo lo que pide el Evangelio en cuestión de compartir los bienes, acoger y dejarse rodear por los marginados. Yo vivo habitualmente en un barrio de leprosos. También compartí la realidad de los campamentos de refugiados en Ruanda.

Hay también en la comunidad un grupo más flexible, a los que llamamos los compañeros del Pan de Vida, que pueden vivir fuera de nuestro entorno. Más allá de la obra social, nuestra actividad es contemplativa.

Vivimos en un mundo angustioso, en el que no son felices ni los pobres ni los ricos, y Cristo nos quiere ofrecer su consuelo, con la condición de que sigamos totalmente su mensaje. Ningún sufrimiento es inútil, porque participa de la salvación y está asociado a la Pasión de Cristo.

 

¿Piensan implantar su comunidad en España?

Sí, y nos gustaría empezar, como hemos hecho siempre en los demás sitios, con gente del propio país.


"Vivimos en un mundo angustioso, en el que no son felices ni los pobres ni los ricos"



"Ningún sufrimiento es inútil, porque participa de la salvación y está asociado a la Pasión de Cristo"



"Nuestra filosofía de vida es llevar a cabo lo que pide el Evangelio en cuestión de compartir los bienes, acoger y dejarse rodear por los marginados"


 

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