Pampliega

San Pedro Apóstol

Una joya por retablo

Iglesia parroquial de PampliegaRestauración del retablo mayor

El día 18 de julio de 1998, a las 6 de la tarde, es la fecha de inauguración del recién restaurado retablo mayor de la iglesia de Pampliega. Una joya más, con cuatro siglos y medio a sus espaldas, que alberga la diócesis de Burgos.

La fábrica de la iglesia parroquial de Pampliega es obra de Juan de Vallejo, realizada en el primer cuarto del siglo XVI. El retablo mayor, de Domingo de Amberes, fue realizado entre los años 1552-1558, en madera de nogal, roble y algo de pino. Mide 12 metros de alto por 7 metros de ancho aproximadamente. Consta de cuatro cuerpos y siete calles.

El primer cuerpo contiene relieves de la infancia de Jesús: Nacimiento, Circuncisión, Adoración de los Reyes y Jesús en el Templo entre los doctores. A ambos lados de las calles centrales se hallan, en hornacinas, las tallas de cuatro Padres de la Iglesia: san Gregorio Magno, san Agustín, san Ambrosio y san Jerónimo.

El segundo está dedicado a la pasión del Señor con relieves de la Oración en el huerto, el Prendimiento, Jesús ante Caifás, la Flagelación, y en el medio la Resurrección.

El tercero presenta escenas de la vida de san Pedro, titular de la Parroquia, y representado en una grandiosa talla en el centro, sentado en la cátedra.

A los extremos de estos dos cuerpos se encuentran unas tallas de los cuatro evangelistas, en madera policromada.

Los relieves del cuarto cuerpo están dedicados a la Virgen: la Inmaculada, el Nacimiento de María, la Presentación de María en el templo y la Muerte o dormición de María. En el centro de este cuerpo y en una hornacina se halla una talla de tamaño natural de la Asunción de María, rodeada de querubines.

El retablo es coronado en su parte más alta por una talla de Cristo en la cruz y otras dos de los ladrones, con las figuras de María y san Juan a ambos lados del Calvario.

Son dignas de destacar dentro de él las esculturas de Adán y Eva, de 1,54 metros de altas, que dan a Domingo de Amberes renombre universal.

El retablo presentaba una suciedad de polvo acumulada durante siglos en las tallas, relieves y estructura. Con la restauración ha recobrado la viveza de los colores originales que aparecen en los relieves y las tallas. Predominan los colores azules oscuros, verdes, rojos y blancos.

La riqueza de expresiones en los personajes así como de los mantos, capas y vestidos propios del siglo XVI, con sus colores originales, hace que el retablo se haya llenado de vida y movimiento. Da la impresión como de si una representación del misterio cristiano estuviese a punto de comenzar.

La restauración ha sido un acierto por parte de la Junta de Castilla y León, un buen trabajo por parte de la empresa restauradora y un motivo más de respeto y reconocimiento a nuestros pueblos que sostienen tanta historia.

 

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