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Curso 2002-2003

     
     
  Cultura de la participación:

Hacia un mayor desarrollo democrático

 

Introducción general

El Departamento de Formación Sociopolítica de la fe nació en nuestra Diócesis de Burgos con motivo del Sínodo. Se creía necesario la creación de un órgano que cumpliera una doble misión: coordinar todo el trabajo que sobre la dimensión social de la fe se venía haciendo en nuestra Iglesia y animar, con propuestas, materiales y sugerencias, la dimensión sociopolítica de nuestros cristianos. En dicho Departamento se integraron diferentes grupos y colectivos de nuestra Iglesia que, con ilusión y entrega, vienen trabajando, desde hace cuatro años, en esta dimensión que es constitutiva de nuestra fe.

Despertar la dimensión sociopolítica de nuestra fe y de nuestra pastoral es algo necesario. Vivimos una fe demasiado personalista e intimista, con pocas implicaciones sociales y políticas. La fe se hace realidad en la vida de cada día, en lo cotidiano, en lo que normalmente nos ocupa. El Reino que anunció Jesús de Nazaret se hace realidad, veladamente, en el mundo en que vivimos y que debemos transformar. El Departamento pretende ser un instrumento de servicio en la animación de esta realidad.

Dentro de nuestra programación para el presente curso, además de la publicación periódica de un calendario de actividades y de hojas de reflexión al hilo de la actualidad, estaba la de unirnos en un proceso de reflexión conjunta que pudiera ser compartido con el resto de la Diócesis. A esto responde la presente publicación, que nace con deseos de continuidad.

A lo largo de este curso 2002-2003, y ante la perspectiva de un año electoral, en el Departamento de Formación Sociopolítica de la Diócesis hemos ido reflexionando, en alguna de nuestras sesiones de trabajo, acerca de uno de los temas que está en la esencia de nuestra Democracia: la participación. Creemos que, como cristianos, el análisis y la reflexión para la regeneración de nuestra vida democrática es una de las aportaciones que mejor podemos hacer al conjunto de nuestra sociedad. Por eso, invitamos a todos los grupos, movimientos y parroquias de nuestra Diócesis a que también ellos hagan este proceso de diálogo y discernimiento que pueda desembocar en un renacimiento de nuestra democracia. El tiempo Pascual en el que nos encontramos es una invitación a esta esperanza.

Aportamos dos modos de hacerlo: difundir este cuadernillo y comentar las preguntas que aparecen al final, o trabajar la Ficha de Trabajo que se añade como apéndice y que puede ser trabajada por sí sola.

Pascua, 2003.

 
     
  Introducción

Desde el Departamento de Formación Sociopolítica de la Diócesis de Burgos, os invitamos a reflexionar sobre la participación y desarrollo democrático en nuestro ámbito de vida con el fin de descubrir, valorar e intervenir en una realidad en la que muchas veces nos dejamos guiar más por estereotipos paralizantes acuñados a lo largo de varias décadas que por la necesidad y responsabilidad de nuestro compromiso cristiano en la sociedad.

Somos nosotros, los que hemos recibido la Buena Noticia para hacerla llegar a todos, quienes tenemos que intervenir de manera que cada persona pueda sentirse bienaventurada en el gozo de una plena vida.

De cara a irnos introduciendo en el tema de la cultura de la participación, y con el fin de ir creciendo en un verdadero desarrollo democrático, seguiremos el ya conocido sistema de VER-JUZGAR-ACTUAR. Creemos que es el más apropiado para hacer un proceso de discernimiento de esta realidad.

 

Ver

Vamos a ofrecer una serie de constataciones, sin pretender ser exhaustivos y desde la perspectiva de los distintos grupos que formamos parte del Departamento, por lo que incluso algunas de ellas pueden ser heterogéneas o incluso divergentes entre sí, pero que de alguna forma se pueden deducir al contemplar críticamente a la sociedad en la que vivimos desde diversos puntos de vista: El cultural, el educativo, el asociativo, el religioso, el político, el laboral-económico y el social. Analizamos también las causas y las consecuencias de estas constataciones.

 

 

Constataciones:

 

A nivel cultural

- Hoy percibimos un descrédito y desinterés por el mundo de la política.

- Se vive y practica un estilo de vida marcado por la privacidad: las preocupaciones públicas, políticas y económicas tienen sus especialistas, de modo que el ciudadano de a pie, no tiene que preocuparse por ellas.

- Se impone el criterio de la mayoría como método para alcanzar la verdad.

- Constatamos una politización creciente: los partidos instrumentalizan las reivindicaciones sociales de todo tipo que se dan en nuestra vida social.

- Es verdad que hay una Carta de Derechos Humanos, pero se nota que nos hace mucha falta la carta de Deberes Humanos.

- Todo lo anteriormente formulado deriva en que entre la población exista un descrédito de la política como “profesión”.

 

A nivel educativo

- La formación política de nuestros centros educativos es, en algunos casos, muy deficiente y, en la gran mayoría, inexistente. De todas formas parece que, sobre todo en la Educación Primaria, está apareciendo un cierto esfuerzo por animar a la participación, aunque todavía este camino se encuentra poco  sistematizado.

- El mecanismo básico de participación formal de los padres en el gobierno del colegio o instituto de sus hijos es el Consejo Escolar. Pues bien: en lo que respecta a este, es sorprendente que las encuestas nos den que un 40 % manifiestan desconocer su existencia. Hay, pues, una falta de interés por parte de las familias en la participación en los órganos de gestión de los Centros Escolares.

- En general, constatamos que la presencia de las familias en los Centros es muy pequeña y se limitan a acudir al mismo cuando sus hijos tienen problemas académicos o disciplinares.

- Por otra parte, los técnicos en educación nos señalan reiteradamente, que una escuela que no cuente con la participación de los padres en los procesos educativos, está adoleciendo de una carencia fundamental.

 

A nivel asociativo

-Hay abundancia de ofertas asociativas, especialmente de tipo lúdico y recreativo, pero con una muy baja tasa de participación. Por otra parte hay muy poca renovación de las juntas rectoras y no porque estas acaparen los puestos directivos, sino por falta real de relevo.

-Tenemos que destacar de forma positiva el florecimiento de las ONGs y de los movimientos como alternativa de participación ciudadana, como por ejemplo, en torno al movimiento “Otro mundo es posible”.

-También, en los aspectos positivos, señalamos la existencia de grupos que insisten en denunciar las situaciones de hambre, esclavitud y explotación en que están sumidas grandes masas de población mundial.

- Se constata una preocupación social por el problema del hambre, que se ve reflejado en las respuestas a las campañas anuales que se realizan para tratar de erradicar esta plaga mundial.

-Los ciudadanos, a nivel mundial, están tomando conciencia de la importancia de las la reivindicación de sus derechos y de la necesidad de hacer propuestas alternativas.

-Pero, por otra parte, y más en concreto en nuestra Ciudad, no hay apenas movilización ciudadana ante los problemas como vivienda, construcción, cierre de empresas, guerras...; las que se dan, son minoritarias y consisten en actos de denuncia (manifestaciones, murales, cartas a prensa...). Capítulo aparte son las dos situaciones que hemos vivido en los últimos meses: las manifestaciones de protesta y voluntariado por la contaminación en Galicia y las movilizaciones en contra de la guerra, que han despertado a la población de una especie de letargo en la que se encontraba sumida y que pueden estar anunciando un florecimiento de la sociedad civil.

-También, en Burgos Ciudad, hemos sido testigos de algunas  movilizaciones fuertes como las que se han dado para oponerse a iniciativas de carácter social contra la marginación (CEIS, Proyecto Hombre... ) y las que se han producido en defensa de la permanencia del Hospital Militar y la reclamación ciudadana a favor de una nueva estructura hospitalaria. En otros lugares de nuestra geografía se han vivido movimientos similares por causas concretas: autopista A-1, servicio de “UVI” móvil...

-Pero fuera de estos casos, la sensibilidad y compromiso se limita a lo cercano, a lo que nos afecta muy de lleno, olvidándonos de los empobrecidos. Por eso, a las movilizaciones convocadas para defender los puestos de trabajo de determinadas empresas acuden solamente las personas directamente implicadas.

-Las comunidades de vecinos no están precisamente en su mejor momento. Muy pocos ciudadanos están dispuestos a asumir responsabilidades y, como consecuencia, la gestión de las comunidades se termina encargando a empresas.

-En la Ciudad de Burgos se están dando hechos positivos de coordinación de movimientos sociales cristianos y no cristianos en contra de la guerra, por un consumo responsable, por la no violencia etc., lo que es una experiencia de vanguardia a nivel de España.

-Por otra parte, es necesario constatar que a nivel nacional el número de asociaciones juveniles ha aumentado del 80 al 90 en 66.000, un 23,8% más. Pero el porcentaje de asociados se ha mantenido. Hay un fenómeno de multiafiliación. Hay mucha atomización asociativa. Además, las mayoría pertenecen a asociaciones deportivas (56%). Esta participación juvenil es de las más bajas de Europa.

 

A nivel religioso

- Constatamos un fenómeno de privatización de la fe: se promueve un retorno a lo exclusivamente espiritual, sin profundizar en las implicaciones sociales y políticas de la fe

- Hay un desconocimiento muy grande de la Doctrina Social de la Iglesia, especialmente de lo que ésta dice sobre los temas políticos, participativos y asociativos.

- Todavía las estructuras de la Iglesia, aunque han mejorado, no facilitan suficientemente la implicación real de los fieles. Es significativo el papel de la mujer en la Iglesia, con una presencia mayoritaria, pero todavía con un bajo índice de participación en puestos de responsabilidad.

 

A nivel político

- Nos encontramos con una democracia representativa, más que participativa. Se habla mucho de que la democracia se encuentra en crisis: las democracias liberales se han contentado con limitar el poder y asegurar la esfera de la libertad, pero se no se han preocupado de asegurar la participación real del ciudadano.

- El ciudadano cada vez se siente menos protagonista de la toma de decisiones. Eso se ha notado especialmente en la crisis de Irak.

- Predomina la filosofía del liderazgo sobre el trabajo colectivo.

- No hay una fluidez de comunicación entre los diversos partidos políticos y las asociaciones y movimientos.

- Claramente se descubre una clamorosa falta de democracia dentro de los partidos, sometidos a la disciplina de voto.

- No está bien regulada la financiación de los partidos, lo que da lugar a que en ocasiones aparezca la corrupción política.

- Se legisla sin el pueblo, por exigencia de una economía imperialista.

- Los "políticos de profesión" son cada vez más mediocres y gastan lo indecible en asesores de imagen, campañas, encuestas de valoración...

- Los partidos tienen un fuerte déficit democrático: apenas hay rotación en sus cargos y estos se nombran a dedo. Cuentan más bien con pocos militantes.

- Las iniciativas más puramente democráticas (el referéndum, la iniciativa popular...) están muy limitadas:

- Se identifica y limita la participación democrática con votar cada cuatro años, delegando la responsabilidad hasta las siguientes elecciones.

- Existe un sentimiento de apatía y desencanto. Se oyen frases como: "no hay nada que hacer"; "que lo cambien los políticos".

- Surgen fenómenos de candidatos populistas, que tienen espíritu de "salvadores" de la presente situación.

- No hay gran diferencia, cuando llegan al poder, entre los programas electorales y actuaciones de los partidos políticos de derecha  y de izquierda.

- La oposición política en ayuntamientos e instituciones en muchos casos se realiza utilizando cualquier pretexto, poniendo el interés del partido por encima del interés general.

- No hay complementariedad entre los partidos políticos y los grupos, asociaciones y movimientos sociales.

- En los pueblos, hay dificultad para encontrar candidatos a los ayuntamientos o surgen varias listas que, lejos de favorecer la unidad, dividen todavía más.

 

A nivel económico

- Es incuestionable la influencia de la economía en la vida política y social.

- A la vez, y peligrosamente, vemos que el ámbito económico se escapa de la participación y el control democrático, quedando esta parte fundamental de la vida social fuera de la democracia.

- Los intereses económicos dominan sobre los aspectos del bien común, existiendo grupos de presión.

- La economía de mercado, con su propia lógica que se basa en el beneficio y que genera un mal reparto de la riqueza, ha llegado a ser la institución que regula las relaciones sociales. Ni el estado, que ha perdido su poder, ejerce un control sobre el mismo.

- Hay un crecimiento ilimitado, exigido por el sistema, que lleva a una producción indefinida. El sistema es irracional ya que lleva a “necesitar lo que se produce” y no a producir de acuerdo con las necesidades. Tampoco se tiene para nada en cuenta a las generaciones futuras y se está caminando hacia la posibilidad de un verdadero desastre ecológico.

- El desarrollo no programado de las nuevas tecnologías está generando bolsas de paro y además el sistema no contempla para nada el sufrimiento ajeno. Los excluidos no cuentan.

 

A nivel social

- Constatamos que se ha producido un aumento de ONG´s con no pocas dificultades para captar y sobre todo formar al voluntariado. En este fenómeno, vemos con preocupación el que muchas de ellas descansan excesivamente sobre  subvenciones estatales, lo que puede a la larga politizarlas y maniatarlas.

- Nos parece que la acción social está demasiado marcada por proyectos subvencionados con fondos europeos y, por tanto, existe un doble riesgo: una falta de análisis de las necesidades concretas, locales y una escasa participación de los voluntarios en la elaboración de los proyectos.

- No dudamos de que se busca la promoción y participación de las personas en situación de exclusión, aunque en muchos casos, desde la mejor voluntad, se corre el peligro de hacer dependientes a los excluidos de las ayudas económicas.

- La creación en Burgos Ciudad del Consejo Municipal de Voluntariado se ve como muy positivo.

 

 

En nuestro análisis hemos señalado las siguientes causas de toda esta situación observada:

- Es evidente que la propia historia de nuestro país, marcada por la experiencia de una larga dictadura, es una de las razones que ayudan a explicar la situación.

- Hay una cierta percepción de que en las elecciones ya no se decide sobre las tareas de gobierno y legislación, porque muchos de esos ámbitos están fuera de los parlamentos y del propio Gobierno. Al parlamento los partidos llegan con las decisiones ya tomadas.

- Hay una cultura generalizada de que lo mejor es la democracia formal: en el fondo, no nos va tan mal. Se ha perdido mucho el afán de lucha, el espíritu transformador y la conciencia crítica. Hay como una opinión colectiva de que las cosas “son como son” y no se pueden mejorar, ni cambiar.

- Falta la cultura y la experiencia de un protagonismo ciudadano. El ambiente social nos tiende a hacer cada vez más individualistas. La super-actividad en la que nos sume el sistema no deja a la gente muchas oportunidades para la reflexión, ni para la participación.

- No se fomenta una cultura del compromiso y de la responsabilidad política, ni desde la educación, ni desde los medios de comunicación. Más bien se nos invita a ceder nuestras responsabilidades en manos de otros que supuestamente están mejor preparados para asumirlas.

- Se palpa un individualismo general: este impide percibir los retos colectivos y hace inviable un proyecto político que limite las aspiraciones egoístas del individuo.

- Tenemos un concepto muy reducido de la política. Seguimos pensando que la política se reduce a organizar las instituciones, elegir representantes... Deberíamos vivirla como la forma de integrarnos en la humanidad, como la actividad específicamente humana que apela a la responsabilidad moral y solidaria de la persona.

- Si no se participa más es debido también a las dificultades propias que entraña el compromiso, la participación y la vida política.

- Creemos que hay una disminución de los valores así llamados sociales: justicia, igualdad, solidaridad...

- Muchas veces se distingue demasiado entre lo público y lo privado, y hay un evidente desprestigio de lo primero, como si no fuese de nadie.

 

Todos estos comportamientos producen, desde nuestro punto de vista, las siguientes CONSECUENCIAS en la vida social:

- Despolitización de la sociedad: pasotismo, desencanto, crítica pasiva...

- Afianzamiento de las injusticias existentes puesto que no hay un sujeto capaz de protagonizar un cambio cualitativo en la sociedad

- Reforzamiento de la corrupción y de personas sin conciencia

- Búsqueda de soluciones individuales ante los problemas colectivos

- No se promueven nuevos valores transformadores

- Acentuación del fraccionamiento y la desarticulación social

- Muchas propuestas para promover la participación se hacen insuficientes

- Crisis de las formas asociativas tradicionales y no funcionamiento de los cauces de participación existentes

- Escasa capacidad de los sectores más empobrecidos para influir en la búsqueda de respuestas a su situación

- Desinterés por el bien común

- Falta de conocimiento de la realidad y de espíritu crítico que posibilite elegir según los verdaderos y legítimos intereses de los ciudadanos.

 

 

Juzgar

Para poder  juzgar rectamente esta situación hemos acudido a tres lugares donde debemos de “beber” y dejarnos iluminar como cristianos para situarnos adecuadamente ante esta realidad: el evangelio, la doctrina social de la iglesia y la propia esencia de la democracia.

 

En el evangelio hemos encontrado, entre otros muchos textos, los siguientes:

- Mateo 5, 13-16: “Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo”. Jesús nos invita encarecidamente a los cristianos a ser sal y luz en medio del mundo. Y este compromiso se concreta en todos los ámbitos de la vida, y por supuesto en el social y el político.

- Mateo 6, 33: “Buscad el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura”. Jesús nos llama a trabajar en la construcción de un mundo justo, en consonancia con todo el Antiguo Testamento. Justicia y Reino son inseparables. Un Reino que, sin ser de este mundo, tiene sus inicios en este y no se construye fuera de las estructuras de este mundo.

- Mateo 6, 26-27: “Mirad los pájaros del cielo...”. En este texto se manifiesta la providencia de Dios para todas las criaturas: especialmente para con el hombre, que tiene una dignidad especial. Desde aquí descubrimos una invitación a trabajar por el respeto y defensa de la dignidad de la persona humana y de todos sus valores.

- Mateo 10, 8: “Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”. En una cultura tremendamente economicista, la cultura de la gratuidad choca fuertemente. Pues bien: nosotros estamos llamados a no guardarnos para nosotros mismos los dones que el Señor nos ha dado, sino  tenemos que ponerlos al  servicio de los demás y de toda la comunidad.

- Mateo 14, 16: “Dadles vosotros de comer” y el pasaje de Mateo 25, 35: "tuve hambre y me diste de comer" son textos en los que se combina una invitación y un mandato a no desentendernos de los problemas acuciantes de los hermanos y, por tanto, a colaborar con todo lo que cada uno tiene al servicio del bien común.

- 1 Corintios 12, 22-24: “los miembros más débiles del cuerpo son los que rodeamos de más honor”. En este texto, además de otros mensajes más explícitos, encontramos una llamada a no desentendernos de los miembros más débiles de nuestra sociedad, sino a prestarles una especial atención. De esta manera, imitamos al mismo Dios que da más honor a los miembros más débiles.

 

Varios son los principios de la doctrina social que iluminan esta realidad y nos invitan a una mayor participación. Os invitamos encarecidamente a acercaros a los documentos y consultar, al menos, alguno de ellos. Es una manera de conocer de primera mano esta enseñanza de la Iglesia, a veces, tan ignorada.

+ El principio del bien común: la búsqueda del bien común, que es el objetivo de la comunidad política, está por encima de los bienes particulares. Así nos lo recuerda Juan XXIII en su encíclica Pacem in Terris 53.

+ El principio de la solidaridad: todos juntos formamos una única comunidad en la que todos nos debemos sentir responsables de la suerte de los demás. Así nos lo recuerda, por ejemplo Juan Pablo II en Sollicitudo Rei Socialis 39-40.

+ El principio de la dignidad del hombre: el hombre es el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales, es decir, la vida económica, política y social deben plegarse a su servicio. Los cristianos tenemos la misión de transformar dichas estructuras para que se cumpla este objetivo. Así se nos sugiere en Gaudium et Spes 25 y Centesimus Annus 53-55.

 

Más todavía. En algunos documentos se nos hace una invitación expresa a participar activamente en el compromiso político como creyentes: entre los muchos textos que podríamos citar en este sentido señalamos  los siguientes:

+ Pacem in terris 145 y 155: donde se exhorta a la vida pública y a la participación en el bien común.

+ Gaudium et spes 75: donde se habla de esta participación activa del cristiano en la vida pública como derecho y como deber.

 

Pero hay también dos documentos de nuestros Obispos en los que se trata monográficamente el tema de la presencia pública de los católicos en nuestra sociedad y que sería un momento muy oportuno para releer y trabajar, tanto individualmente como en nuestros grupos. Nos estamos refiriendo a “Los católicos en la vida pública” (1986) y “Los cristianos laicos, Iglesia en el mundo” (1991).

 

En tercer lugar y para hacer un justo juicio de la situación que analizamos, vamos a referirnos, como ya señalamos anteriormente a la propia esencia de la democracia.

- Nuestra Constitución parte del principio de que el poder reside en el pueblo. Una forma de materializar este principio es el sistema democrático que nos hemos dado, como una manera de canalizar y facilitar la participación.

- La auténtica democracia se basa en el diálogo y la exposición, desde el respeto, de las diferentes formas de pensar. La democracia primitiva utilizó como base de trabajo el método deliberativo, que se basa en la exposición, el convencimiento y el diálogo participativo en la toma de decisiones. Nuestra tradición del Concejo Abierto, con que se han gobernado nuestros pueblos, es directa derivación de ella. Hoy, se ha sustituido este método por otro más impositivo fundamentado en la legítima mayoría parlamentaria.

- La democracia tiene sus inicios en la ciudad, en un contexto donde sus habitantes han tomado conciencia de que son “ciudadanos”, es decir, que tienen una relación muy estrecha con todo lo que tiene lugar en su hábitat de vida. Habría que recuperar esta conciencia de “ser ciudadano participativo”, como una manera adecuada de estar entre los demás.

- En la democracia, los que tienen responsabilidad han de verla como un servicio inmejorable al bien de la entera comunidad en la que viven, por lo que habría que recuperar la “tarea política” como una auténtica vocación de amor a los demás (caridad política).

- Somos seres sociales que tenemos que vivir en comunidad y hemos de responsabilizarnos con otros en las tareas de la edificación de la “polis”. Vivir en comunidad, implicándose en su marcha, es para el hombre una auténtica riqueza, pues corresponde a su más auténtica identidad de “ser para los demás”.

 

 

Actuar

Lo que hemos hecho hasta este momento serviría más bien poco, si no nos mueve a actuar y a comprometernos en el tema de la participación. Por eso, presentamos a continuación algunas de las pistas que se nos han ocurrido y que podrían ser asumidos personal, grupal y eclesialmente:

 

Compromiso personal:

* conocer, informarse, participar en las asociaciones y partidos políticos; perder el miedo a la afiliación y participación activa en un partido político. Animarse a formar parte de las listas.

*i mpulsar, proponer y facilitar medios, para que en la escuelas esté cada vez más presente, la participación, la educación y formación socio-política.

* hablar de estos temas en nuestros grupos de relación, para crear conciencia.

* no menospreciar en nuestros comentarios a la clase política y a todos los que participan activamente en asociaciones, pues se falsea la verdad y se crea desilusión.

* introducirse en las actuales estructuras sociopolíticas, intentando abrirlas y regenerándolas para que tengan más vida.

* esforzarnos por recuperar la dirección “digna” de las asociaciones: cuidar y valorar más lo que se hace en ellas para que se vean como necesarias.

*leer y reflexionar alguno de los documentos anteriormente propuestos.

* apoyar y colaborar en todas las iniciativas que busquen una participación más activa en la organización económica

* revisión personal sobre cómo vivo esta dimensión ¿qué podría hacer yo?

 

Compromiso como grupo:

* pensar en nuevas formas de participación ciudadana y ser creativos en esta renovación democrática en todos nuestros foros

* empezar a participar auténticamente en nuestro propio grupo, para crear una cultura democrática y participativa

* intentar ser puentes con grupos diversos a los cristianos

* hacer que en nuestro plan de formación esté presente esta dimensión social

* apoyar y asistir como grupo a todo lo que se organice en esta dimensión

* participar como grupo en alguna de las iniciativas lanzadas por otros colectivos que van en esta línea

 

Compromiso eclesial:

* provocar que en el plan pastoral de nuestra parroquia, grupo o diócesis se contemple esta dimensión sociopolítica

* acompañar a todos aquellos cristianos que participan en las asociaciones, para que no desfallezcan en su compromiso público

* potenciar los Consejos de la Iglesia de todo tipo para que la propia Iglesia sea Escuela de participación

* potenciar los Movimientos laicales que educan en esta dimensión

* difundir y poner en práctica lo que se dijo en el Sínodo al respecto

* despertar la conciencia social de los cristianos para que descubran estos compromisos como algo propio de su fe

 

 

Preguntas para dialogar sobre este Cuadernillo

1.- ¿Qué opinión te merece la lectura de estas páginas?

2.- Señala aquellos aspectos que te han llamado la atención, aquello que destacarías, aquello en lo que no estás de acuerdo, aquello que no está suficientemente recogido.

3.- Como cristianos, ¿crees que podemos aportar algo a este tema? ¿Qué pasos tendríamos que dar para ello?

 

 

Cultura de la participación:

Hacia un mayor desarrollo democrático

 

Ficha de trabajo para grupos

Desde hace años vivimos en España en un sistema democrático. Los más jóvenes no conocen, por fortuna, otro sistema de gobierno. Pero, después de tanto tiempo, quizás seguimos sin conocer adecuadamente lo esencial de la vida democrática.

¿Qué es para ti la democracia? ¿Cuáles son los elementos esenciales en la vida democrática?

 

En efecto, teóricamente la democracia es una forma de entender la vida y una manera de organizarnos socialmente que posibilita que todos participemos en los problemas comunes y en la búsqueda de sus soluciones. La democracia ha de estar presente en todos los ámbitos de la vida social. Esto significa democracia política, pero también democracia económica, laboral, cultural y social. Por tanto, habría que ampliar los espacios en los que el ciudadano pueda participar en las decisiones que le afecten. Pero del dicho al hecho va un trecho. En el Departamento de Formación Sociopolítica de nuestra Diócesis constatábamos algunos aspectos positivos:

+ mayor florecimiento de ONG y movimiento ciudadano

+ mayor participación ciudadana en las decisiones que nos afectan

+ muchas reformas sociales son propuestas o apoyadas por los ciudadanos

Pero también estos negativos:

- descrédito cada día mayor de la política y desinterés por ella

- falta o escasa de participación en los órganos de participación: APAS, asociaciones de barrio, asociaciones culturales, ayuntamientos...

- individualismo exagerado que nos impide apoyar lo público

- escasa conciencia y educación social en general, y de los cristianos, en particular

- poca participación y democracia económica

 

¿Podemos descubrir entre todos más aspectos positivos y negativos en nuestra forma de vivir la democracia?

 

Cuando los aspectos negativos dominan sobre los aspectos positivos, nuestra democracia se empaña y deja de ser auténticamente “el gobierno del pueblo”. El pueblo, es decir, nosotros, dejamos de ser protagonistas de nuestro propio presente y futuro. Y ello conlleva fuertes consecuencias para nuestra vida social. Nosotros hemos señalado algunas:

- Afianzamiento de las injusticias y de la corrupción puesto que no hay sujeto capaz de protagonizar un cambio cualitativo en la sociedad

- Búsqueda de soluciones individuales y desinterés por el bien común

- Muchas propuestas para promover la participación y la transformación se hacen insuficientes e inoperantes

- Crisis de las formas asociativas tradicionales y no funcionamiento de los cauces de participación

- Escasa capacidad de los sectores más empobrecidos para influir en la búsqueda de respuestas a su situación

- Falta espíritu crítico que fomente la posibilidad de elegir según los verdaderos y legítimos intereses de los ciudadanos

 

Quizás tú puedas añadir alguna más o comentar las que te parezcan más importantes.

Como cristianos tenemos “algo que hacer”: en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia encontramos algunos elementos que nos impulsan a una mayor implicación y participación en la vida social. Es el momento de recordar algún texto del Evangelio que nos empuje a una mayor presencia en la vida social...

 

El Magisterio de la Iglesia es muy rico a este respecto. Transcribimos un texto de Gaudium et spes en el que se resume y anima a la participación en la vida pública:

“Es perfectamente conforme con la naturaleza humana que se constituyan estructuras político-jurídicas que ofrezcan a todos los ciudadanos, sin discriminación alguna y con perfección creciente, posibilidades efectivas de tomar parte libre y activamente en la fijación de los fundamentos jurídicos de la comunidad política, en el gobierno de la cosa pública, en la determinación de los campos de acción y de los límites de las diferentes instituciones y en la elección de los gobernantes. Recuerden, por tanto, todos los ciudadanos el derecho y al mismo tiempo el deber que tienen de votar con libertad para promover el bien común. La Iglesia alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la cosa pública y aceptan las cargas de este oficio.

Para que la cooperación ciudadana responsable pueda lograr resultados felices en el curso diario de la vida pública, es necesario un orden jurídico positivo que establezca la adecuada división de las funciones institucionales de la autoridad política, así como también la protección eficaz e independiente de los derechos. Reconózcanse, respétense y promuévanse los derechos de las personas, de las familias y de las asociaciones, así como su ejercicio, no menos que los deberes cívicos de cada uno. Entre estos últimos es necesario mencionar el deber de aportar a la vida pública el concurso material y personal requerido por el bien común. Cuiden los gobernantes de no entorpecer las asociaciones familiares, sociales o culturales, los cuerpos o las instituciones intermedias, y de no privarlos de su legítima y constructiva acción, que más bien deben promover con libertad y de manera ordenada. Los ciudadanos por su parte, individual o colectivamente, eviten atribuir a la autoridad política todo poder excesivo y no pidan al Estado de manera inoportuna ventajas o favores excesivos, con riesgo de disminuir la responsabilidad de las personas, de las familias y de las agrupaciones sociales (....).

Los cristianos todos deben tener conciencia de la vocación particular y propia que tienen en la comunidad política; en virtud de esta vocación están obligados a dar ejemplo de sentido de responsabilidad y de servicio al bien común. El cristiano debe reconocer la legítima pluralidad de opiniones temporales discrepantes y debe respetar a los ciudadanos que, aun agrupados, defienden lealmente su manera de ver (...).

Hay que prestar gran atención a la educación cívica y política, que hoy día es particularmente necesaria para el pueblo, y sobre todo para la juventud, a fin de que todos los ciudadanos puedan cumplir su misión en la vida de la comunidad política. Quienes son o pueden llegar a ser capaces de ejercer ese arte tan difícil y tan noble que es la política, prepárense para ella y procuren ejercitarla con olvido del propio interés y de toda ganancia venal.” (GS 75).

¿Qué es lo que más te llama la atención de este texto? ¿Cuál son las ideas principales que se señalan?

Viendo la realidad que antes analizábamos, ¿qué invitaciones encontramos en este texto?

 

Hemos analizado la situación y nos hemos situado en ella desde el punto de vista creyente. Nos queda un último paso. Quizás sea bueno que avancemos hacia el compromiso. ¿Qué compromiso podrías sacar de esta sesión de trabajo? Y a nivel de grupo, ¿nos podríamos comprometer a algo en este aspecto?

 
     
 
   Archidiócesis de Burgos  Departamento de Formación Sociopolítica