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Silencio cómplice ante la ley de reproducción asistida |
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Mientras asistimos a ríos de tinta en los medios de comunicación y acaloradas discusiones entre los partidos políticos sobre temas como el terrorismo, el estatuto de Cataluña o la OPA, ante esta nueva ley de Reproducción Asistida, propuesta por el gobierno de Zapatero, parece haber un acuerdo generalizado de que no pasa nada. Y no es de extrañar, porque sólo la Iglesia Católica se ha atrevido a levantar la voz en defensa de los más débiles, los niños no nacidos. No olvidemos que la ley anterior, aprobada por el PP, ya permitía la investigación con embriones humanos “sobrantes”, pero esta nueva ley da un paso más en el ataque a la vida y ningún partido se ha opuesto rotundamente. A pesar de lo claros y contundentes que son la nota de la Conferencia Episcopal Española y la reciente Carta Pastoral de nuestro Obispo, quizás convenga insistir en explicar por qué esta ley supone un grave y peligroso paso más contra la vida. La Iglesia siempre ha sostenido que la vida humana empieza en la concepción, no por razón de fe, sino por sentido común. ¿Quién puede decir a partir de qué día se pasa de ser “conjunto de células” a ser persona? La ciencia ha venido a demostrar que desde la concepción el embrión tiene en sus cromosomas toda la información y la esencia de la persona nueva e irrepetible que se va a desarrollar. Los nuevos atentados contra la vida que ésta ley añade a la anterior son muy claros: - Se permite la clonación terapéutica, dado que se decidió explícitamente eliminar el artículo que la prohibía (art 1). - Se permite la comercialización de los embriones, al eliminar el artículo 20 2.b.e de la ley anterior que lo prohibía. - Se permite la selección de los embriones, no ya porque puedan desarrollar enfermedades, sino para que sean “histocompatibles” con terceros, es decir “bebés-medicamento” (art. 12 1.3). - Se quita el límite de 3 embriones fecundables; ya que se ha abierto el mercado, hace falta aumentar la “producción” (art 3.). - Se sigue permitiendo la fecundación entre humanos y animales como test de fertilidad (art 14.3). La causa de ésta ley y del silencio cómplice de todos radica, según la CEE, en los “intereses económicos y políticos en juego”, disfrazados de un supuesto interés científico en curar enfermedades (recordemos que las células madre no-embrionarias ya están dando resultados) y justificados por la eterna política de hechos consumados. Concluimos que el deseable progreso científico debe estar al servicio de la persona y de la vida, que no podemos matar a miles de niños para intentar salvar a algunos y que todo ser humano tiene la necesidad inviolable de ser concebido como fruto del amor entre sus padres. Los cristianos, como manifestación de nuestro compromiso socio-político, debemos luchar pública y democráticamente contra las leyes injustas que atentan contra los más débiles. Movimiento Cultural Cristiano |
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| Departamento de Formación Sociopolítica |