Eucaristía y compromiso con la eco-justicia

 
 
 
 

¿De donde brota el compromiso con lo que recientemente llamamos eco-justicia: es decir, la acción social para promover la vida, la paz y la justicia, así como también para proteger el medio ambiente?

El Concilio Vaticano II nos dice: «La Eucaristía es la fuente y el culmen de toda vida cristiana» (LG 11). Es el recuerdo de las comidas de Jesús en la memoria práctica de la celebración eucarística o comida de acción de gracias. En sus comidas, Jesús se revela y revela un rostro de Dios. “Ahí está la revelación directa de Jesús en su más simple verdad...” (J. Guillet). En estas comidas cotidianas Jesús anunció una nueva fraternidad entre los seres humanos y significó el Reino abriendo la participación en su mesa a todos: pobres, pecadores y gente marginada.

Para testimoniar que Dios es paz y don de vida, debemos valorizar la donación de Jesús a los suyos, su fidelidad al proyecto del Padre, la entrega de su vida a Dios, y mostrar cómo en la cruz nos reveló un nuevo rostro de Dios. Celebrar la Cena es testimoniar a un Dios Amor que da su vida por todos los hombres y mujeres, perdona a todos y no excluye a nadie.

Por otro lado, Jesús coincide radicalmente con los antiguos profetas y denuncia con fuerza el hecho de que la práctica del culto pueda llevar a las personas piadosas y religiosas a olvidar o descuidar los imperativos esenciales de la justicia y el amor a los demás:

“Si yendo a presentar tu ofrenda al altar, te acuerdas allí de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano; vuelve entonces y presenta tu ofrenda” (Mt 5, 23‑24).

Porque es imposible amar a Dios y rendirle culto si el hombre se desentiende de su hermano.

La celebración fundacional de la comunidad cristiana reunida es una comida de acción de gracias. De ahí sale la comunidad enviada a formar una sociedad del acoger, compartir y repartir. El trigo y la uva se transforman en pan y vino, y lo que representan simbólicamente (la vida diaria de las personas, de las familias y la sociedad) se consagra, es decir, se transforma para significar una nueva vida, la Vida con mayúscula.

Así, la comunidad se siente llamada a cuidar de la vida, cuidar la tierra y del ambiente, cuidar de las relaciones humanas familiares y sociales; es una misión de gratuidad y responsabilidad: de la gratitud por el don brota la responsabilidad para cuidar la vida, cuidar la tierra y el medio ambiente, cuidar la sociedad y las relaciones humanas. Por tanto la celebración de la Eucaristía es inseparable del compromiso social y ecológico; es inseparable la gratuidad por el don de la vida y la responsabilidad de cuidarla en la vida diaria; es inseparable el culto y el cuidado de una vida digna para todos y cada uno de los hombres, para todo el planeta.

COMISIÓN JUSTICIA Y PAZ

       

 

 

 

 

       
   

Propuesta para el trabajo personal o en grupos

 
   
 
   

1.  La Iglesia vive del amor solidario, testimonio del Reino de Dios, y eso se expresa como signo en la Eucaristía: ¿Por qué, al hablar de la Eucaristía, dedicamos tan poco espacio a su relación con la vida social y a las exigencias de la solidaridad entre nosotros?

2.  En la vida de nuestras parroquias y comunidades, ¿qué importancia real tiene el compromiso y la denuncia? ¿Cuánto tiempo se dedica a promoverlos y compartirlos?

3.  Si la Eucaristía es comunión, ¿se puede excluir a alguien de ella? Los sectores más deprimidos y marginados de nuestra sociedad ¿se sienten acogidos por la Iglesia? ¿acuden a nuestras celebraciones?

4.  Lee la parábola del buen samaritano (Lc 10, 25‑37). El sacerdote y el levita dejan tendido en la cuneta a aquel hombre precisamente porque la fidelidad a los ritos establecidos era para ellos algo irrenunciable. ¿Puede ser utilizada la religión como elemento generador de injusticia e insolidaridad? ¿Se te ocurre algún ejemplo de hoy?

 
       
       
 

 Archidiócesis de Burgos

 Departamento de Formación Sociopolítica