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Ante el día del mundo rural |
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Estrenamos un día del mundo rural (15 de mayo) este año bajo el paraguas de la nueva ley de Desarrollo Sostenible del Medio Rural. Pero la realidad es tozuda: ya han comenzado los fuegos en los montes. Años tan secos nos dejan un poco más débiles a la hora de proteger nuestro medio natural. Y debemos reconocer que somos aún más débiles para conservar y acrecentar la presencia y el bienestar de nuestras comunidades rurales. La mayoría de la población ha decidido vivir en las ciudades y allí se instalan las empresas que generan puestos de trabajo y riqueza. Los campos ya no los quiere nadie, salvo para explotarles. Llevamos muchos años de sequía social e inversora en el mundo rural. Muchos lustros sin apostar por nosotros, ni nosotros mismos. Y si los campos se quedan desiertos, los pueblos llevan el mismo destino ya que han surgido a consecuencia de las personas que trabajaban el campo y cuidaban o criaban ganado. Hay muchos estudios que destacan y alaban las bondades del medio rural, pero nadie apostáis por ellas. Bueno, perdón, este gobierno, en la anterior legislatura ha aprobado esa ley “Para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural” y va a ser el marco de referencia para nuestro futuro si es que decidimos nosotros apostar por el medio rural. Nuestros ojos se hacen chiribitas al contemplar la subida de los precios de los alimentos cuando en el campo, en el lugar de producción, no se ha notado ningún incremento. Nos sentimos solidarios con la gran cantidad de personas que van a tener que reducir su número de comidas al día por no poder pagar ese alimento primario. Nos hacemos eco de lo peligroso de la diversificación de cultivos en detrimento de los alimentos básicos si se prima en exceso los cultivos para biomasa. Es intolerable que en el año en que decimos que por fin podemos erradicar la pobreza y el hambre, no lleguen productos de primera necesidad a todos los hombres y mujeres de la tierra. A nosotros se nos ha escapado de la mano la producción. Hace años que otros deciden qué, cuánto y cómo sembramos; qué, cuántos, cómo y para qué criamos animales. Por eso planteamos tres necesidades: el desarrollo y aplicación de la ley para el desarrollo rural, la redacción de otra que regule el margen comercial de los alimentos en el camino que va de la producción al consumo, aunque sólo fuera por dignidad, y recampesinizar, como sugiere la Universidad Rural Paolo Freire: que el ser humano tiene que volver a la raíz y a las fuentes de la vida. A través de una alianza entre todos los seres vivos que conforman la naturaleza. Lo que significa volver a l a tierra que nos parió, abrazarla física y espiritualmente. Fermín, El Trigarral |
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| Departamento de Formación Sociopolítica |