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¿Crisis alimentaria? |
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Hoy en día sólo se habla de crisis financiera (es decir la crisis de los ricos). Las crisis de los pobres tienen mucha menos repercusión en los medios y apenas se habla de ellas, pero ellos se mueren... de hambre. 3.000 millones de personas en el mundo, la mitad de la población mundial pasará hoy hambre, entre ellos 300 millones de niños. En el tercer mundo el 80 % de los recursos de las familias se dedican a la alimentación. En los medios de comunicación oímos que las causas de esta situación son coyunturales: los agrocombustibles, la demanda de alimentos de China e India, la insuficiente producción mundial agraria… nadie se cuestiona que el problema del hambre es estructural. En su discurso en la cumbre de la FAO, el pasado junio, el Papa Benedicto XVI proclama: “Es necesario confirmar con fuerza que el hambre y la malnutrición son inaceptables en un mundo que, en realidad, dispone de niveles de producción, de recursos y de conocimientos suficientes para acabar con estos dramas y con sus consecuencias”. No hay carencia de producción. El mundo dispone de recursos suficientes para alimentar correctamente a 12.000 millones de personas: si esto no ocurre es por un sistema económico neoliberal que doblega a los países pobres a producir materias primas para que los países ricos podamos atiborrarnos. Efectivamente, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Común de Mercado y la FAO establecen políticas que presionan a los países para que reorienten su producción a monocultivos para exportarlos, perdiendo su capacidad para alimentar a su propio pueblo. Estas medidas favorecen a poderosas multinacionales que controlan más del 40% de la alimentación de la humanidad. Otro problema radica en los precios de las materias primas que se establecen en bolsas internacionales como las de Londres, Nueva York o Chicago. Es necesario que nos replanteemos nuestra forma de consumo, en un país en el que se tiran a la basura 4.500 toneladas de alimentos al año. Las organizaciones que lejos de resolver el problema lo potencian (FAO, BM, FMI…) deben reorientar radicalmente sus políticas o desaparecer. Signo de esperanza son los cientos de organizaciones de campesinos que claman por la Soberanía Alimentaria entendido como “el derecho de los estados y comunidades a definir sus políticas y estrategias para la producción, distribución y el consumo sostenible de los alimentos, respetando sus culturas y la diversidad de formas de producción agrícola”. Por justicia y por vergüenza no podemos permanecer impasibles ante esta realidad. Promoción Solidaria |
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| Departamento de Formación Sociopolítica |