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Crece la pobreza |
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Cada uno de nosotros conoce a personas que se han quedado últimamente sin trabajo, o están en un Expediente de Regulación de Empleo o viven preocupados porque ven que su trabajo pende de un hilo. Son algunas consecuencias visibles de la crisis. Hay personas y familias que han vivido una situación relativamente estable hasta hace poco y ahora se ven lanzadas al hoyo de la pobreza; algunos ya no pueden pagar el alquiler o la hipoteca, o abiertamente no tienen para comer o mantener a su familia. Éste es el resultado, realmente trágico, de una cultura que ha impuesto una manera de ver a la persona como “algo” que produce y que consume. A nivel social es algo natural tener la convicción de que quien más puede consumir, es más libre y más persona. El ideal colectivo es llegar a mayores cotas de consumo y de disfrute. Es lo que llamamos las tres “ges”: ganar para gastar y gozar. En este contexto, hablar de las personas como “seres creados por Dios a su imagen y semejanza“, capaces de realizarse como tales personas y de vivir humana y fraternalmente, es valorado por algunos como un infantilismo, propio de personas inmaduras y crédulas. En el siglo XIX se escribieron, refiriéndose a los obreros, frases como ésta: “Solamente el hambre puede espolearles para que trabajen”. Hoy acaso nadie se atreva a escribir semejantes palabras, pero ésta es la concepción de fondo de una economía que busca únicamente acumular riqueza, sin importarle para nada la distribución de esa riqueza. Y por tanto niega sistemáticamente el principio de “el destino universal de los bienes de la tierra”. Una consecuencia evidente de esta manera de actuar es la realidad de personas empobrecidas. Personas que se ven excluidas de participar en los bienes que son de todos. La exclusión se lleva a cabo a través del trabajo, es decir, por su relación con el trabajo: bien porque no pueden trabajar, o porque no tienen trabajo, o porque trabajan en condiciones de gran precariedad, o porque son tratados como fuerza de trabajo y no como personas. En estas circunstancias, el trabajo deja de ser una actividad que humaniza y se convierte en una mercancía más en el mercado. El momento nos pide a todos tomar conciencia de esta realidad y actuar solidariamente. De lo contrario, crecerá la pobreza. Yolanda Manrique |
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| Departamento de Formación Sociopolítica |