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Inmigración: malas noticias |
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Datos oficiales de enero reflejaban que 17 de cada 100 parados en nuestra provincia eran extranjeros. Más de 3.600, y la cifra sigue subiendo. La crisis en forma de paro está afectando a todos, pero a los inmigrantes más. El 15 de febrero morían 26 inmigrantes africanos (la mayoría menores de edad) a escasos metros de la costa de Lanzarote. El Atlántico sigue siendo una gran tumba. Justo por esos días saltaba la noticia de redadas y cupos de detención de inmigrantes sin papeles por parte de la policía en Madrid. Por mucho que lo desmientan, esto sucede, también en Burgos y en Miranda. Conocemos hechos concretos. Se equipara situación irregular a delito. El 19 de febrero se declaraba un incendio de origen eléctrico en una casa del casco viejo de Miranda de Ebro, y morían 6 rumanos (un matrimonio y sus dos niños, y otra mujer embarazada). Él acababa de encontrar su primer trabajo. Ilusiones deshechas por un fuego que quizá se podía haber evitado. Datos recientes de locutorios y cajas de ahorro confirman que las remesas de dinero que los inmigrantes envían a sus familias han descendido sensiblemente. Vinieron para ayudar, pero ahora no pueden tanto. Algunos están volviendo a sus países, pero no por el sistema del retorno voluntario, que te cierra la puerta los próximos tres años. Se están marchando rumanos, búlgaros y portugueses, que pueden regresar cuando quieran. Aquí se pasará mal, pero en otros sitios mucho peor. Leemos en la Biblia: “Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y residió allí como inmigrante siendo pocos aún, pero se hizo una nación grande, fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron dura servidumbre. Nosotros clamamos a Yahvé Dios de nuestros padres, y Yahvé escuchó nuestra voz; vio nuestra miseria, nuestras penalidades y nuestra opresión, y Yahvé nos sacó de Egipto con mano fuerte” (Deut 26,4-8). Hizo falta un Moisés que denunciara la situación ante el Faraón y liderara la liberación del pueblo. ¿No nos pide hoy Dios esto a nosotros, a cada uno, a la Iglesia? En estos momentos, no decir nada es un grave pecado de omisión. Ya no es cuestión sólo de caridad: hablamos de justicia, hablamos de derechos humanos. ¿A esto lo llamamos “sociedad del Primer Mundo”? José Luis Lastra |
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| Departamento de Formación Sociopolítica |